Los procesos psicológicos que surgen en la hipocondría

Trastorno hipocondriaco Psicologia ¿Qué es la hipocondría? … La hipocondría es un trastorno de ansiedad. Las personas hipocondríacas están tan preocupadas por su salud que continuamente se observan e interpretan cualquier señal o cambio en el cuerpo que les confirma una enfermedad grave.

 
La hipocondría o hipocondriasis es una condición en la cual el paciente presenta una preocupación excesiva con respecto a padecer alguna enfermedad grave. El origen del término hace referencia a una región anatómica, el hipocondrio, situada bajo las costillas y el apófisis xifoides del esternón, donde, según la escuela médica humoral, se creía que se acumulaban los vapores causantes de este mal.1​La hipocondría es, en esencia, una actitud que el individuo adopta ante la enfermedad. La persona hipocondríaca se somete, constantemente, a un autoanálisis minucioso y preocupado, incluso obsesivo, de las funciones fisiológicas básicas, y piensa en ellas como una fuente de segura enfermedad biológica.2

La característica esencial de la hipocondría es la preocupación y el miedo o la convicción de padecer una enfermedad grave, a partir de la interpretación personal de alguna sensación corporal o de casi cualquier otro signo que aparezca en el cuerpo.

Un trastorno muy diferente a la hipocondría sería la nosofobia, en la que se presenta un gran miedo a estímulos relacionados con la enfermedad (hospitales o material quirúrgico) y a diferencia de la hipocondría, la persona tiene claro que no padece ninguna enfermedad grave.


Si eres hipocondríaco, es muy probable que tengas terror a la muerte, al dolor, al sufrimiento, a la debilidad y que te resulte insoportable depender físicamente de otros.


El aprensivo, ¿nace o se hace?

Pero, ¿qué nos hace hipocondríacos? Estudios como el del Hospital General Kamitsuga (Japón) han apuntado la estrecha relación entre estos trastornos imaginarios y la depresión. De 86 pacientes depresivos analizados, 49 (un 57%) mostraban síntomas hipocondríacos. Pero también obedece a otras causas. “Se puede dar en personas que estén sometidas a estrés o que tengan trastornos afectivos o basarse en un factor de aprendizaje, por imitación: sabemos que en familias con hipocondríacos hay más hipocondríacos”

Tendemos a pensar que el hipocondríaco es aquel que se pasa el día en el médico (colapsando, por el camino, el sistema sanitario), y no siempre es así. “Se dan dos alternativas” “Hay gente que visita mucho el centro de salud en busca de un diagnóstico que no ha sido todavía reconocido, cambiando continuamente de médico y haciéndose nuevas exploraciones, mientras que a otros les aterroriza tanto que les confirmen sus temores que no van al médico ni se hacen un simple análisis”.


Una hipocondría extrema sí puede originar síntomas reales. «Sería lo que llamamos un ‘efecto nocebo«


Existe La patofobia es el miedo o fobia de padecer una enfermedad grave, normalmente de esas fulminantes (paros cardíacos, infartos coronarios o cerebrales, etc). Se identifica porque el paciente para poder estar tranquilo evita mirarse demasiado las señales del cuerpo, ir al médico, le cuesta medicarse, etc. Y todas las evitaciones son por miedo. Pero cuando más evita lo que teme más el miedo le incrementa.


Como tratar psicologicamente a un hipocondríaco

Resulta imprescindible un abordaje psicológico profesional especializado, puesto que hay que explicar al paciente qué es lo que le ocurre, romper los ciclos de reforzamiento que pueda obtener de la información tranquilizadora y motivarle para que entienda el por qué. La clave es mostrar al propio paciente que “estar enfermo” puede ser una forma de expresar sufrimiento o conflicto más aceptable que la confrontación directa (Baur 1989), por lo que se hace necesario un entrenamiento en gestión emocional, en formas alternativas de encarar la ansiedad e incluso en habilidades sociales.

La psicología inversa

La psicología inversa es una técnica psicológica creada por el psicólogo conductista Viktor Frankl. Esta técnica consiste en la defensa de una creencia o conducta que es contraria a la deseada con la expectativa de que este enfoque moverá a un sujeto a actuar como realmente se desea.

La psicología inversa consiste en influir en los demás para que respondan de la manera que tú quieres, pero expresándoles justamente lo contrario de lo que quieres. Muchos diréis que esto de la psicología inversa es una patraña, que no funciona, o que solo funciona con muy pocas personas. Y, efectivamente, esta forma de influir solo funciona con un número reducido de gente.

 

Las personas con las que funciona son, mayoritariamente, personas rebeldes y cabezotas a las que les cuesta seguir órdenes y normas. O lo que es lo mismo: personas con mucha reactancia”.

Cómo usar la psicología inversa

En definitiva, la psicología inversa viene de perillas con cualquier duro de mollera, con gente excesivamente orgullosa, con los que están siempre a la defensiva… Y una vez descrito a los sujetos con los que se puede utilizar esta herramienta, aquí tenéis 6 consejos para buen uso de la psicología inversa.

¿Recuerdas la última pataleta que tuviste de niño? Pues eso. Exactamente así te sientes cuando te vuelves reactario.

Deseando mucho más lo prohibido

Y eso siempre pasa. Lo prohibido siempre es más atractivo. Así que mientras más nos prohíben algo, con mejores ojos lo vemos.

Terminamos rebelándonos, desobedeciendo

Todo para proteger nuestra integridad y nuestra libertad. De hecho, hacemos todo lo contrario de lo que nos mandan.

Terminamos enfadándonos con quien nos manda

Algo muy lógico ya que es un agresor. Intenta invadir nuestro territorio. Al enemigo, ni agua.

Si cuando te piden que hagas algo que no entra en tus esquemas mentales, lo consideras una amenaza… entonces eres carne de cañón para la psicología inversa

Cómo usar la psicología inversa

En definitiva, la psicología inversa viene de perillas con cualquier duro de mollera, con gente excesivamente orgullosa, con los que están siempre a la defensiva… Y una vez descrito a los sujetos con los que se puede utilizar esta herramienta, aquí tenéis 6 consejos para buen uso de la psicología inversa.

1. Asegúrate de usarla con quien debes

Ya sabes con quién sirve. Gente rebelde que odian acatar órdenes, que se preocupan más por la lucha de poder que por hacer las cosas. Un ego sensible que a la primera de cambio nuble su juicio lógico y empiece a discutir sin razones.

2. Espera el momento oportuno

Funciona mejor con respuestas emocionales e inmediatas. Al fin y al cabo, la reactancia es una reacción emocional. Si se alarga, las discusiones se convierten en una lucha de ego. ¿Y qué es una guerra de egos? Una discusión cuyo tema principal se olvida y el único objetivo de la misma es ver quién tiene razón o quién es el que más aguanta discutiendo.

La psicología inversa es una herramienta muy utilizada en las discusiones de pareja (aunque no seamos consciente de ello)

3. Di lo contrario de lo que piensas, pero con el mismo tono

Si estás con un tono elevado, pues dilo así. A veces puedes hacerlo como dándole la razón al otro. Es una estrategia muy utilizada en discusiones de pareja, ya que la mayoría de las veces las discusiones no son más que peleas de egos.

4. Una vez dicho lo contrario, presiona más

Insiste en el mismo tono. Convence de que esa es tu verdadera intención, aunque no lo sea. Además, en ciertas ocasiones, dejarás a tu interlocutor un poco en duda de si realmente tiene la ventaja sobre la conversación o estás siendo irónico.

5. Ponlo en evidencia

Utiliza frases que hieran el ego. Una frase tan hiriente como “Tenemos que hablar”, “Contigo no, bicho”, “Con esas pintas aquí no entras” o “No tienes lo que hay que tener”  tiene efectos devastadores sobre la otra persona.

6. Sigue adelante

No hagas amenazas vacías. Cumple con lo prometido. Si en la discusión terminaste diciendo que no ibas a ningún lado, pues no vayas a ningún lado. Por eso es bueno que pienses antes en lo que dices, no vaya a ser que tú mismo te metas en un berenjenal sin quererlo (la cuestión es que sean los otros los que se meten en el berenjenal).

Si la otra persona está siendo verdaderamente cabezota, utiliza estos consejos para ganar la discusión

Otra manera de actuar, ya fuera de lista, es decir de una forma directa y firme lo contrario de lo que se desea. No siempre funciona a nivel personal, pero a nivel de masas… La publicidad se aprovecha muy bien de ello.

“Rómpase en caso de cabezota”

Y para finalizarno podemos dejar de mencionar las contraindicaciones. La psicología inversa no es la forma más saludable de comunicarse, ya que, básicamente, estás aprovechándote de la rebeldía mal encauzada de alguien (y estimulándola). Utilízala sabiamente.

De hecho, NO hagas lo anterior con niños pequeños, solo reforzarás su mala conducta. No se debe enseñar a un niño a ir en contra de su palabra y usar la técnica hará precisamente eso. Además, los niños se acostumbran pronto y se convierten en especialistas más expertos que sus maestros.

A veces, especialmente con personas muy inteligentes o tercas, una psicología inversa muy obvia puede resultar totalmente contraproducente, porque se darán cuenta de lo que estás haciendo o no dejarán de concentrarse en su punto de vista.

Ten cuidado con quién utilizas esta técnica, ¡podrías empeorar las cosas!

Ante todo, la comunicación asertiva es siempre mejor que cualquier intento de influir sobre otras personas de esta manera. Aunque con algunas se haga imposible. Por eso, esta será una herramienta que dejaremos en el cristal de “rómpase en caso de cabezota”.

 

El trabajo emocional

La inteligencia emocional será la base del éxito laboral en el futuro


Disponer de una buena inteligencia emocional ayudará en el futuro a encontrar trabajo en un mundo en que los oficios técnicos irán, poco a poco, siendo fagocitados por la robótica. La perspectiva de un trasvase masivo de puestos de trabajo hacia las máquinas inquieta a quienes estudian el funcionamiento del mercado laboral. La solución se enmarca en el ámbito de lo que se denominan capacidades blandas, emocionales. Son «habilidades que la tecnología nunca va a dominar». Y así se abre la puerta a una nueva veta de empleo.

Las habilidades blandas podrían reforzar, por un lado, trabajos ya existentes y, por otro, configurar nuevas modalidades de empleo. El trabajo emocional es aquel en el que los sentimientos integran las competencias de un profesional, tanto a la hora de gestionar equipos como de atender al público o de asistir a personas enfermas o dependientes. Se desarrolla en una doble dirección, se aplica para generar cierto estado anímico en el cliente (o paciente) y para gestionar inquietudes y malestares del propio trabajador.

La base es la empatía. La comprensión sincera del otro permitirá que, ante situaciones de conflicto, el profesional comprenda el fondo que levanta la indignación o turbación de una persona y pueda lidiar directamente con ese aspecto. También al contrario: si se abre un entendimiento, el cliente empatizará más fácilmente con el trabajador. Comprender las emociones ajenas supone comprender las necesidades de un individuo y humanizarlo.

Sin embargo, adquirir y, sobre todo, desplegar estas competencias exige un cambio radical en cómo se diseñan los puestos de trabajo. ¿La razón? Urgiría gastar mucho tiempo en aspectos intangibles y no medibles. Justo la orientación contraria a la que promueven las políticas actuales. Los dependientes de los comercios funcionan, cada vez más, como máquinas expendedoras. Ocurre en todos los sectores, incluso en grandes librerías que presumían del asesoramiento literario como marca de identidad. Se reduce el personal, se precarizan los contratos: se trabaja a destajo y se quiebra, en consecuencia, la interlocución sosegada entre cliente y el librero.

En el sector sanitario y de cuidados estas habilidades se tornan absolutamente insoslayables. Guadalupe Sánchez, de la Escuela Universitaria de Enfermería y Terapia Ocupacional de Terrassa, escribió una tesis titulada Las emociones en la práctica enfermera. «Si la relación interpersonal entre los enfermeros y el paciente no genera una conexión emocional, cuidar con una perspectiva integral es muy complicado: podemos cuidar la enfermedad, pero no a la persona, que es más que su cuerpo», explica a Yorokobu.

El trabajo emocional, según Sánchez, beneficia a la actividad sanitaria en diversas dimensiones. «Lo que más valora la gente es el tipo de trato que ha recibido del personal sanitario. Tenemos muchos problemas porque algunos tratamientos se inician y después se abandonan. Hay estudios que señalan que cuando los médicos o enfermeros conectamos emocionalmente, se producen menos casos de abandono precoz del tratamiento y, por tanto, menos recaídas», expone.

En su opinión, estos comportamientos contribuirían a desatascar las urgencias. «En el momento en que atiendes mejor a la gente y disminuye su nivel de estrés, ansiedad o miedo, posiblemente habrá menos interconsultas innecesarias en urgencias y centros de atención primaria. Un ejemplo: las urgencias pediátricas están abarrotadas de angustia de padres más que de patologías pediátricas». Llevar a cabo una buena asistencia emocional «es imposible sin tiempo, requiere mirar a los ojos, escuchar activamente, poder acompañar». Precisamente, la posesión que más anhela el personal sanitario es el tiempo.

¿Pero cómo repercutiría en las emociones de los profesionales? Los trabajadores, como sistema de protección, aplican la llamada distancia terapéutica. Con ella, se pretende evitar que los dramas personales del paciente les afecten negativamente. Para Sánchez, actualmente carecemos de herramientas para eliminar esta necesidad de abstracción y aprender a manejar las emociones. En tal caso, «la relación terapéutica sería bidireccional; también te ayudaría a crecer como persona y como profesional».

>. Profesional de Salud Mental

PSICÓLOGO. Por muy competente que sea una IA, no llegará, a corto plazo, al nivel de comprensión que tenemos los humanos.

Como vemos hasta ahora, y también en este caso, el punto principal es la subjetividad. Los expertos en salud mental como los psicólogos o los psiquiatras serán los últimos trabajos a los que los robots podrán acceder. Por muy competente que sea una IA, no llegará, a corto plazo, al nivel de comprensión que tenemos los humanos.

Pasión sexual obsesiva

Las personas con pasión sexual obsesiva tendrían más probabilidades de engañar a sus parejas.

Más de 600 adultos jóvenes respondieron a preguntas destinadas a evaluar la pasión sexual armoniosa y obsesiva. También informaron cualquier instancia pasada en la que le habían sido infieles a un compañero. Como era de esperar, aquellos con pasión sexual obsesiva habían participado en muchos más actos de infidelidad que aquellos con pasión sexual armoniosa.

El deseo de vengarse de su pareja, aumentar su autoestima o cumplir con las expectativas sociales percibidas, como la noción de que los «hombres reales» tienen muchas parejas sexuales. Aquellos con pasión sexual armoniosa rara vez dieron tales razones para su infidelidad.

Las personas que se ven a sí mismas como controladas por fuerzas externas tienen más probabilidades de hacer trampa, especialmente cuando se combinan con una fuerte pasión sexual. Es mejor mantenerse alejado de las personas que siempre se ven a sí mismas como víctimas, ya que una relación con ellos seguramente será infeliz. La infidelidad es solo uno de los muchos desgarros que esas personas tienen para ti.

Por el contrario, es probable que las personas que creen que tienen el control de su destino sean mejores socios. Cuando también tienen una pasión sexual armoniosa, probablemente serán mejores amantes y compañeros de vida. Además, su sentido seguro de sí mismo también los hace menos propensos a desviarse de una relación comprometida.