DE LA MUERTE
Procesos del dolor por la perdida

Los procesos del dolor o duelo ante una perdida es, psicológica y biológicamente hablando, una reacción completamente normal y esperable. Es posible observar periodos de duelo ante cualquier clase de pérdida, de un objeto, de una relación, un rol social o incluso ante el abandono de una sustancia adictiva que lleve arrastrando a la persona varios años como dejar de fumar. Estas reacciones y procesos se dan en mayor o menor escala mientras la persona se enfrente a cualquier clase de pérdida.

La pérdida de un ser querido suele ser la mas común en el campo psicoterapéutico. Las raíces de esta reacción y el proceso consecuente se pueden situar en el desarrollo de las relaciones de apego, muestra de ello es que el duelo no es exclusivo en la raza humana sino que también es observable entre animales.


¿Cómo afrontar la perdida de un ser querido?

En primer lugar hay que señalar un aspecto clave: el duelo ante la muerte de un ser querido no debe categorizarse como una enfermedad mental sino, más bien, como un proceso de recuperación de un desequilibrio, un retorno a la homeostasis si se prefiere. La metáfora explicativa más aproximada a nivel biológico seria similar al proceso de curación de una herida. Estaremos de acuerdo en que negar el dolor, ocultar su existencia a la ayuda profesional o manipularlo constantemente no permitirá al cuerpo ejecutar correctamente su curación.


4 fases

El primer paso, por obvio que resulte, esta en aceptar la realidad de la perdida, pudiendo asistir aquí a una reorganización de los esquemas del sujeto. Esta es la fase donde los bloqueos pueden hacer su aparición ante el shock producido por la desaparición, especialmente si ha sido súbita o no ha habido tiempo suficiente de despedirse. Encontraremos bloqueando dos mecanismos de defensa, el de negación, esto se manifiesta por ejemplo guardando todo exactamente igual que cuando la persona estaba viva mediante la intocabilidad de sus posesiones, como si fuera a volver en cualquier momento o, en el extremo contrario, produciendo una minimización del impacto del suceso (si es que existió vínculo) mediante una indiferencia a todas luces excesiva, seria continuar como “si no hubiese pasado nada”. Ambas posiciones suelen ser indicativas de un duelo no elaborado. Aquí se vuelven, por tanto, de especial importancia las acciones físicas y los rituales (funeral, carta de despedida, etc.) que ayudan a aceptar paulatinamente la irreversibilidad de la perdida. Asimismo existen tareas que trabajamos en psicoterapia que pueden ayudar a completar esta fase cuando la persona no ha tenido tiempo o no se ha despedido correctamenterituales de despedida tales como cartas al fallecido o reorganizaciones asociadas a objetos. La idea es ayudar al afectado a marcar un antes y un después, a cambiar, modificar o ejecutar algo que impresione sobre su mente la irreversibilidad del hecho.

En segundo lugar es preciso trabajar las emociones y el dolor. En muchas ocasiones la sociedad actual esconde o trata de minimizar todo lo relacionado con la muerte, al contrario de muchas sociedades más primitivas que resuelven de forma excelente y creativa estos procesos. Este hecho hace que a veces se tolere mal las manifestaciones de afecto negativo, que resultan absolutamente necesarias y en especial en estos casos: el dolor y la posibilidad de manifestarlo son necesarias. Refugiarse en idealizaciones, no ser capaz de una observación suficientemente imparcial de los sentimientos propios hacia la persona fallecida o tratar recurrir a drogas para anestesiar los estados emocionales disfóricos procedentes de los recuerdos acerca del finado, suele derivar en bloqueo y el hecho de evitar el duelo puede conducir, tarde o temprano, a un colapso o a la manifestación de sintomatología depresiva.

Tercera fase, se llega a una fase de adaptación: la persona atiende a un medio en el que el fallecido esta ausente y ha de volver a afrontar situaciones, lugares o tareas que ejercía con apoyo o deberá suplir a la persona que ha fallecido. Aquí debemos hacer especial hincapié en los modelos de familia patriarcales y en personas financieramente dependientes o con una autoestima basada en el cuidado de los demás. En estos casos, esta fase les resultara el paso más complejo, ya que por un lado hay que afrontar o suplir los recursos que proveía el fallecido y tratar, asimismo, de que el circulo social no se “queme” debido a las manifestaciones de pesar. Resulta  de gran importancia mantener los contactos sociales y buscar su apoyo puesto que es aquí donde pueden aportar más soluciones y dar más ayuda práctica además de apoyo emocional. En varias ocasiones se ha comprobado que las personas externas reaccionan mejor y prestan más apoyo a aquellos que encaran las perdidas o catástrofes de forma pro-activa. El aislamiento surgirá como la principal amenaza de esta fase del proceso, capaz de bloquear a la persona. Téngase en cuenta que estamos hablando también de la pérdida de un rol, que generalmente se ha estado desarrollando con la persona fallecida durante años y en una relación de complementariedad emocional, material o social no es extraño que la autoestima pueda resultar afectada de forma directa.

Cuarta fase. Finalmente es de esperar que si se han elaborado las fases anteriores correctamente la persona sea capaz de recolocar emocionalmente al fallecido, esta es la fase de continuar viviendo y puede prolongarse durante el resto de la vida de la persona; en el fondo es un punto y aparte a partir del cual el sujeto afectado puede reconstruir su vida y sus actividades, sin por ello dejar de recordar al ser querido. Esta es la serenidad que se busca al final de un proceso de duelo y no tiene un tiempo preciso de resolución, a pesar de lo que la literatura médica, psiquiatrica y psicológica han tratado de proponer acotando los periodos.

Cabe añadir que probablemente nos encontraremos con una serie de reacciones en estas fases, sintomatología que es perfectamente normal observar en una persona elaborando el duelo, sin por ello categorizarla como patológica: los sentimientos de ansiedad, de tristeza, la impotencia, las pesadillas e incluso las alucinaciones con el ser querido no son patológicas. El conocido sentido de presencia es una reacción del cerebro adaptándose a una perdida, hecho que debemos respetar dentro de un plazo de tiempo razonable. Hay que señalar también que no debe sorprender que las fases no sean lineales, así que hay que contemplar la posibilidad de regresiones o recaídas en fases anteriores, sin que esto implique que el trabajo se está haciendo erróneamente. Al contrario, puede dotar de conocimiento al paciente sobre si mismo y darse cuenta de donde le lleva cada línea de actuación, cada cadena de pensamientos, y ayudarle a vislumbrar donde puede necesitar más ayuda o nuevos recursos.

Ante estos procesos tan complejos, que se extienden, retraen, que parecen mejorar para luego volver atrás… ¿en que nos podemos basar para saber cuando las cosas no están marchando correctamente? Para saber cuando nos enfrentamos a un duelo mal elaborado, ya que resultaría burdo hacerlo con un limite temporal rígido (excepto en casos abiertamente muy extensos), podemos tomar una pauta simple: según mi experiencia es especialmente importante la existencia o sensación de bloqueo por parte del sujeto, esta es una de las mejores formas de detectarlo. Si la persona tras un tiempo no ha sido capaz de aceptar la perdida, continua actuando y hablando de la persona fallecida en presente, evita el tema con ansiedad extrema, se ha aislado del entorno o bien se ha visto muy limitada en sus capacidades… puedes hacerle la famosa pregunta que Francine Shapiro le hacía a sus paciente bloqueados con TEP: ¿qué hacías antes que ahora no puedes? Su respuesta nos puede dar grandes indicios de dónde se ha quedado estancado el proceso normal de duelo.

Respecto al uso de psicofármacos hay que señalar que resultaría un enfoque muy incorrecto administrar medicación antidepresiva por normaLo más recomendable puede llegar a ser alguna medicación pautada y temporal dedicada a paliar la sintomatología ansiosa o problemas directos como el insomnio. El duelo no es necesariamente productor de una depresión y esta no podrá ser tratada de forma correcta mediante psicofarmacología hasta que este esté debidamente procesado y elaborado.


¿Quién puede ayudarme a afrontar una muerte?

Los profesionales implicados en estos procesos pueden ser desde profesionales sanitarios (médicos, enfermeros, trabajadores sociales, psicólogos…) hasta grupos de apoyo informales en los que los afectados se sientan cómodos o identificados y puedan compartir experiencias comunes, a ser posible con un miembro profesional para guiar y redirigir. Resulta más conveniente evitar decididamente cualquier grupo con posible deriva sectaria (grupos espiritistas o místico-mágicos) que aprovechen el estado de inestabilidad emocional de los afectados para fines económicos, no solo por la perdida de dinero, sino también por las consecuencias para el estado mental del individuo, ya que estos grupos suelen estar fundamentados en creencias irracionales que más que ayudar bloquean el correcto proceso de duelo. Hoy está comprobado que la actuación conjunta de profesionales y grupos de autoayuda correlaciona, además, con menor probabilidad de trastornos mentales y psicosomáticos en el futuro.


La frustración en los procesos de duelo

Por último, remarcar que no debemos perder de vista el potencial nivel de frustración que en muchas ocasiones percibirán tanto los profesionales como los voluntarios, pudiendo dedicar muchas sesiones al acompañamiento o a la escucha activa. Es muy importante respetar los tiempos, ya que las circunstancias de cada persona, y en especial las del fallecimiento, pueden producir manifestaciones tan variadas que podemos toparnos con la culpa o la rumiación (se piensa una y otra vez cómo pudo haber evitado la muerte), con sentimientos de fuerte injusticia (como la muerte de un hijo pequeño) que pueden llevar a un replanteamiento de valores y creencias espirituales, aspecto que es prioritario respetar independientemente de la confesión religiosa del terapeuta o de la institución que provee la ayuda. También podríamos observar un desarrollo muy distinto en casos donde persiste la incertidumbre del deceso (en las declaraciones de fallecimiento por desaparición) todo ello resulta en un abordaje distinto, idiosincrásico y muy individualizado, que aun pasando por las fases que hemos comentado debe centrarse en conseguir paulatinamente la reincorporación en los niveles mental, social y laboral, junto con un trabajo psicológico y de acompañamiento supervisado por profesionales cuando sea necesario o evidente el bloqueo.

Los procesos psicológicos que surgen en la hipocondría

Trastorno hipocondriaco Psicologia ¿Qué es la hipocondría? … La hipocondría es un trastorno de ansiedad. Las personas hipocondríacas están tan preocupadas por su salud que continuamente se observan e interpretan cualquier señal o cambio en el cuerpo que les confirma una enfermedad grave.

 
La hipocondría o hipocondriasis es una condición en la cual el paciente presenta una preocupación excesiva con respecto a padecer alguna enfermedad grave. El origen del término hace referencia a una región anatómica, el hipocondrio, situada bajo las costillas y el apófisis xifoides del esternón, donde, según la escuela médica humoral, se creía que se acumulaban los vapores causantes de este mal.1​La hipocondría es, en esencia, una actitud que el individuo adopta ante la enfermedad. La persona hipocondríaca se somete, constantemente, a un autoanálisis minucioso y preocupado, incluso obsesivo, de las funciones fisiológicas básicas, y piensa en ellas como una fuente de segura enfermedad biológica.2

La característica esencial de la hipocondría es la preocupación y el miedo o la convicción de padecer una enfermedad grave, a partir de la interpretación personal de alguna sensación corporal o de casi cualquier otro signo que aparezca en el cuerpo.

Un trastorno muy diferente a la hipocondría sería la nosofobia, en la que se presenta un gran miedo a estímulos relacionados con la enfermedad (hospitales o material quirúrgico) y a diferencia de la hipocondría, la persona tiene claro que no padece ninguna enfermedad grave.


Si eres hipocondríaco, es muy probable que tengas terror a la muerte, al dolor, al sufrimiento, a la debilidad y que te resulte insoportable depender físicamente de otros.


El aprensivo, ¿nace o se hace?

Pero, ¿qué nos hace hipocondríacos? Estudios como el del Hospital General Kamitsuga (Japón) han apuntado la estrecha relación entre estos trastornos imaginarios y la depresión. De 86 pacientes depresivos analizados, 49 (un 57%) mostraban síntomas hipocondríacos. Pero también obedece a otras causas. “Se puede dar en personas que estén sometidas a estrés o que tengan trastornos afectivos o basarse en un factor de aprendizaje, por imitación: sabemos que en familias con hipocondríacos hay más hipocondríacos”

Tendemos a pensar que el hipocondríaco es aquel que se pasa el día en el médico (colapsando, por el camino, el sistema sanitario), y no siempre es así. “Se dan dos alternativas” “Hay gente que visita mucho el centro de salud en busca de un diagnóstico que no ha sido todavía reconocido, cambiando continuamente de médico y haciéndose nuevas exploraciones, mientras que a otros les aterroriza tanto que les confirmen sus temores que no van al médico ni se hacen un simple análisis”.


Una hipocondría extrema sí puede originar síntomas reales. «Sería lo que llamamos un ‘efecto nocebo«


Existe La patofobia es el miedo o fobia de padecer una enfermedad grave, normalmente de esas fulminantes (paros cardíacos, infartos coronarios o cerebrales, etc). Se identifica porque el paciente para poder estar tranquilo evita mirarse demasiado las señales del cuerpo, ir al médico, le cuesta medicarse, etc. Y todas las evitaciones son por miedo. Pero cuando más evita lo que teme más el miedo le incrementa.


Como tratar psicologicamente a un hipocondríaco

Resulta imprescindible un abordaje psicológico profesional especializado, puesto que hay que explicar al paciente qué es lo que le ocurre, romper los ciclos de reforzamiento que pueda obtener de la información tranquilizadora y motivarle para que entienda el por qué. La clave es mostrar al propio paciente que “estar enfermo” puede ser una forma de expresar sufrimiento o conflicto más aceptable que la confrontación directa (Baur 1989), por lo que se hace necesario un entrenamiento en gestión emocional, en formas alternativas de encarar la ansiedad e incluso en habilidades sociales.

Nos atraen las personas que nos hacen daño

Los expertos comparan la dependencia emocional con la ludopatía.

Cuando hay una dependencia, sea de una persona o de una sustancia, lo que nos exige es regularnos, pasar ese síndrome de abstinencia, pero eso no se hace en un día, se llega poco a poco», lo mejor es apoyarse en otra persona, bien sea un profesional, un amigo, un compañero o un familiar.

Muchas personas se machacan a ellos mismos y se juntan con personas tóxicas, porque sienten que no merecen más, porque es la única manera que conocen para poder sobrevivir».

El problema es cuando esta persona de la que dependemos nos hace daño: «Esto puede ser por dos razones; por un lado está un aprendizaje adquirido en la infancia y que se tiende a repetir; por otro, como había en algún momento un tipo de recompensa, las personas se hacen adictas a esa necesidad. Igual que el que fuma, o el que juega: si en algún momento se sintió bien con eso, ahora no puede dejar de hacerlo»

«La dependencia emocional funcional igual que un mecanismo de ludopatía, en el momento que yo siento una recompensa con una persona, que en algún momento me trató bien o me hizo sentir querido, me voy a enganchar a esa sensación».

 

LUBRICANTES NATURALES PARA SEXO

LUBRICANTES NATURALES CASEROS PARA TENER SEXO

Un punto a favor que muchos tienen en cuenta con los lubricantes naturales es que estos no interfieren en la efectividad de los espermatozoides ni en la salud de estos. En el caso de una mujer que quiera quedarse embarazada. Una lista con los productos naturales estrella para lubricarían son:

• Clara de huevo: Una muy buena opción es la clara de huevo pues su consistencia es muy similar a la del moco cervical. Una vez usado este lubricante tras la pasión, es muy importante lavar la zona íntima con ahínco para evitar que queden restos que luego puedan dar mal olor y causar incomodidad.


• Yogures: Importante, utilizar yogurt naturales sin azúcar y probióticos. Muchas personas pueden utilizar cualquier tipo de yogur y esto es un fatal error pues pueden llegar a causar infecciones. El yogur natural sin azúcar y probiótico tiene la ventaja de proteger la flora vaginal del cambio brusco entre el semen y el pH de la vagina.


• Aceite de coco: Es uno de los productos más usados para la lubricación en una relación sexual. A pesar de que este se presenta en forma sólida a temperatura ambiente, el aceite de coco se derrite fácilmente con un poco de calor corporal. Es fácil de aplicar, tiene un aroma muy bueno y es bastante fácil de conseguir además de que posee un precio bastante económico.

Ginecólogos y sexólogos clínicos, recomiendan el aceite de coco, pues permiten “agregar una dimensión completamente nueva y divertida al sexo oral”.

Asimismo, el aceite de coco es gran antifúngico e hidratante natural.

Así que ya sabes Wapa, puedes usar el aceite de coco como una alternativa natural para tus encuentro íntimo.


• Aceite de almendra o de sésamo: Estos dos aceites también son muy usados para la lubricación. Es muy importante que, en el caso de estos dos aceites, sean de presión en frío y de origen biológico.

¿Qué es un maníaco depresivo?

El trastorno bipolar es una enfermedad grave del cerebro. También se conoce como enfermedad maníacodepresiva o depresión maníaca. Las personas con trastorno bipolar tienen cambios inusuales en el estado de ánimo. … Esto se conoce como depresión o un episodio depresivo.

Síndrome Maníaco Depresivo / Trastorno Bipolar

 

 

¿Qué es el síndrome maníaco depresivo?

El síndrome maníaco depresivo, conocido también con el nombre de trastorno bipolar, es un tipo de trastorno afectivo o del estado de ánimo que supera los altibajos cotidianos, convirtiéndose en una seria condición médica y un importante tema preocupante de la salud en Estados Unidos. El síndrome maníaco depresivo se caracteriza por episodios periódicos de gran júbilo, con ánimo eufórico o irritabilidad (episodios que constituyen la fase maníaca) a los que se contraponen episodios también periódicos de síntomas depresivos clásicos.

La depresión es un trastorno depresivo que afecta al cuerpo, al estado de ánimo y a los pensamientos. Puede afectar o alterar radicalmente la alimentación, el sueño y la manera de pensar, pero no es lo mismo que sentir tristeza o estar decaído, ni tampoco es indicio de debilidad personal ni constituye un estado que pueda disiparse o modificarse a voluntad. Las personas que sufren una enfermedad depresiva no pueden simplemente «recobrar el ánimo» y reponerse. A menudo es necesario el tratamiento que, a veces, es incluso decisivo para la recuperación.

Existen tres tipos de depresión que pueden clasificarse en tres grupos principales:

  • Depresión grave (depresión clínica)
  • Síndrome maníaco depresivo (trastorno bipolar)
  • Distimia (trastorno distímico)

¿A quiénes afecta el síndrome maníaco depresivo?

El síndrome maníaco depresivo afecta por igual a hombres y mujeres (aunque las mujeres son más propensas a la depresión que a la manía), y comienza a menudo en la adolescencia o juventud. De hecho, la edad promedio de aparición de los primeros episodios maníacos ronda los 25 años.

Cuando los síntomas se manifiestan antes de los 12 años, se los confunde a menudo con el trastorno hiperactivo de déficit de atención (su sigla en inglés es ADHD), un síndrome caracterizado por dificultades serias y persistentes que generan falta de atención, distracción, impulsividad e hiperactividad.

El síndrome maníaco depresivo suele manifestarse en miembros de una misma familia y se cree que en algunos casos se trata de una enfermedad hereditaria. Se están llevando a cabo intensas investigaciones para identificar un gen que puede ser responsable de este trastorno.

¿Cuáles son los síntomas del síndrome maníaco depresivo?

A continuación, se enumeran los síntomas más comunes del síndrome maníaco depresivo. Sin embargo, cada individuo puede experimentarlos de una forma diferente.

Entre los síntomas depresivos podemos citar los siguientes:

  • Tristeza, ansiedad o sensación de «vacío» persistentes.
  • Pérdida de interés en actividades que antes se disfrutaban.
  • Llanto excesivo.
  • Mayor inquietud e irritabilidad.
  • Menor capacidad de concentrarse y tomar decisiones.
  • Disminución de la energía.
  • Pensamientos de muerte o suicidas, intentos de suicidio.
  • Aumento de los sentimientos de culpabilidad, desamparo y, o desesperanza.
  • Alteraciones del peso y, o del apetito debido a comer de forma insuficiente o excesiva.
  • Alteraciones en los hábitos del sueño.
  • Aislamiento social.
  • Síntomas físicos que no ceden ante los tratamientos estándar (por ejemplo, dolor crónico, dolor de cabeza).

Entre los síntomas maníacos podemos citar los siguientes:

  • Autoestima exagerada.
  • Menor necesidad de descanso y de sueño.
  • Mayor distracción e irritabilidad.
  • Mayor agitación física.
  • Compromiso excesivo en actividades placenteras que pueden tener consecuencias dolorosas, como conductas provocativas, agresivas o destructivas.
  • Mayor locuacidad.
  • Sentimientos de «excitación» o de euforia.
  • Mayor deseo sexual.
  • Mayor nivel de energía.
  • Escaso sentido común en personas que lo tenían.
  • Mayor negación de la realidad.

Para diagnosticar el síndrome maníaco depresivo, el individuo debe mostrar síntomas de manía y de depresión en grado diverso según la gravedad del trastorno. Los síntomas del síndrome maníaco depresivo pueden parecerse a los de otros trastornos psiquiátricos. Siempre consulte a su médico para el diagnóstico.

¿Cómo se diagnostica el síndrome maníaco depresivo?

Como se ha comprobado que a menudo la depresión coexiste con otras condiciones médicas, como cardiopatía, cáncer o diabetes, y también con otros trastornos psiquiátricos como el abuso de drogas y la ansiedad, el diagnóstico y tratamiento en las etapas iniciales son cruciales para la recuperación. A menudo el diagnóstico se hace después de un examen psiquiátrico minucioso y una historia médica realizados por un psiquiatra u otro profesional de la salud mental.

Tratamiento del síndrome maníaco depresivo

El tratamiento específico del síndrome maníaco depresivo será determinado por su médico basándose en lo siguiente:

  • Su edad, su estado general de salud y su historia médica.
  • Qué tan avanzada está la enfermedad.
  • Su tolerancia a determinados medicamentos, procedimientos o terapias.
  • Sus expectativas para la trayectoria de la enfermedad.
  • Su opinión o preferencia.

El tratamiento puede incluir cualquiera de los siguientes elementos o una combinación de ellos:

  • Medicamentos (por ejemplo, anticonvulsivos que estabilizan el ánimo como el litio, el valproato o la carbamazepina y, o antidepresivos como Prozac, Zoloft o Paxil).
  • Psicoterapia (en la mayoría de los casos, terapia cognitivo-conductista o interpersonal orientada a modificar la visión distorsionada que tiene el individuo de sí mismo y de su entorno, con énfasis en las relaciones complicadas y la identificación de los factores de estrés en el entorno para aprender a evitarlos).
  • Terapia electroconvulsiva (su sigla en inglés es ECT).

Un adecuado reconocimiento de la variedad y cambios extremos del estado de ánimo asociados con el síndrome maníaco depresivo es fundamental para determinar un tratamiento eficaz y evitar las dolorosas consecuencias de una conducta maníaca imprudente.

En la mayoría de los casos, es necesario un tratamiento preventivo a largo plazo para estabilizar los altibajos del estado de ánimo característicos de esta enfermedad.

Test de Personalitat

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Test de Personalitat Extens

La psicología inversa

La psicología inversa es una técnica psicológica creada por el psicólogo conductista Viktor Frankl. Esta técnica consiste en la defensa de una creencia o conducta que es contraria a la deseada con la expectativa de que este enfoque moverá a un sujeto a actuar como realmente se desea.

La psicología inversa consiste en influir en los demás para que respondan de la manera que tú quieres, pero expresándoles justamente lo contrario de lo que quieres. Muchos diréis que esto de la psicología inversa es una patraña, que no funciona, o que solo funciona con muy pocas personas. Y, efectivamente, esta forma de influir solo funciona con un número reducido de gente.

 

Las personas con las que funciona son, mayoritariamente, personas rebeldes y cabezotas a las que les cuesta seguir órdenes y normas. O lo que es lo mismo: personas con mucha reactancia”.

Cómo usar la psicología inversa

En definitiva, la psicología inversa viene de perillas con cualquier duro de mollera, con gente excesivamente orgullosa, con los que están siempre a la defensiva… Y una vez descrito a los sujetos con los que se puede utilizar esta herramienta, aquí tenéis 6 consejos para buen uso de la psicología inversa.

¿Recuerdas la última pataleta que tuviste de niño? Pues eso. Exactamente así te sientes cuando te vuelves reactario.

Deseando mucho más lo prohibido

Y eso siempre pasa. Lo prohibido siempre es más atractivo. Así que mientras más nos prohíben algo, con mejores ojos lo vemos.

Terminamos rebelándonos, desobedeciendo

Todo para proteger nuestra integridad y nuestra libertad. De hecho, hacemos todo lo contrario de lo que nos mandan.

Terminamos enfadándonos con quien nos manda

Algo muy lógico ya que es un agresor. Intenta invadir nuestro territorio. Al enemigo, ni agua.

Si cuando te piden que hagas algo que no entra en tus esquemas mentales, lo consideras una amenaza… entonces eres carne de cañón para la psicología inversa

Cómo usar la psicología inversa

En definitiva, la psicología inversa viene de perillas con cualquier duro de mollera, con gente excesivamente orgullosa, con los que están siempre a la defensiva… Y una vez descrito a los sujetos con los que se puede utilizar esta herramienta, aquí tenéis 6 consejos para buen uso de la psicología inversa.

1. Asegúrate de usarla con quien debes

Ya sabes con quién sirve. Gente rebelde que odian acatar órdenes, que se preocupan más por la lucha de poder que por hacer las cosas. Un ego sensible que a la primera de cambio nuble su juicio lógico y empiece a discutir sin razones.

2. Espera el momento oportuno

Funciona mejor con respuestas emocionales e inmediatas. Al fin y al cabo, la reactancia es una reacción emocional. Si se alarga, las discusiones se convierten en una lucha de ego. ¿Y qué es una guerra de egos? Una discusión cuyo tema principal se olvida y el único objetivo de la misma es ver quién tiene razón o quién es el que más aguanta discutiendo.

La psicología inversa es una herramienta muy utilizada en las discusiones de pareja (aunque no seamos consciente de ello)

3. Di lo contrario de lo que piensas, pero con el mismo tono

Si estás con un tono elevado, pues dilo así. A veces puedes hacerlo como dándole la razón al otro. Es una estrategia muy utilizada en discusiones de pareja, ya que la mayoría de las veces las discusiones no son más que peleas de egos.

4. Una vez dicho lo contrario, presiona más

Insiste en el mismo tono. Convence de que esa es tu verdadera intención, aunque no lo sea. Además, en ciertas ocasiones, dejarás a tu interlocutor un poco en duda de si realmente tiene la ventaja sobre la conversación o estás siendo irónico.

5. Ponlo en evidencia

Utiliza frases que hieran el ego. Una frase tan hiriente como “Tenemos que hablar”, “Contigo no, bicho”, “Con esas pintas aquí no entras” o “No tienes lo que hay que tener”  tiene efectos devastadores sobre la otra persona.

6. Sigue adelante

No hagas amenazas vacías. Cumple con lo prometido. Si en la discusión terminaste diciendo que no ibas a ningún lado, pues no vayas a ningún lado. Por eso es bueno que pienses antes en lo que dices, no vaya a ser que tú mismo te metas en un berenjenal sin quererlo (la cuestión es que sean los otros los que se meten en el berenjenal).

Si la otra persona está siendo verdaderamente cabezota, utiliza estos consejos para ganar la discusión

Otra manera de actuar, ya fuera de lista, es decir de una forma directa y firme lo contrario de lo que se desea. No siempre funciona a nivel personal, pero a nivel de masas… La publicidad se aprovecha muy bien de ello.

“Rómpase en caso de cabezota”

Y para finalizarno podemos dejar de mencionar las contraindicaciones. La psicología inversa no es la forma más saludable de comunicarse, ya que, básicamente, estás aprovechándote de la rebeldía mal encauzada de alguien (y estimulándola). Utilízala sabiamente.

De hecho, NO hagas lo anterior con niños pequeños, solo reforzarás su mala conducta. No se debe enseñar a un niño a ir en contra de su palabra y usar la técnica hará precisamente eso. Además, los niños se acostumbran pronto y se convierten en especialistas más expertos que sus maestros.

A veces, especialmente con personas muy inteligentes o tercas, una psicología inversa muy obvia puede resultar totalmente contraproducente, porque se darán cuenta de lo que estás haciendo o no dejarán de concentrarse en su punto de vista.

Ten cuidado con quién utilizas esta técnica, ¡podrías empeorar las cosas!

Ante todo, la comunicación asertiva es siempre mejor que cualquier intento de influir sobre otras personas de esta manera. Aunque con algunas se haga imposible. Por eso, esta será una herramienta que dejaremos en el cristal de “rómpase en caso de cabezota”.