DROGAS, EL ENTORNO

La importancia del contexto como un importante factor en los problemas de adicción. El contexto como variable ha sido apoyada por más de cuarenta años de investigación. Sin embargo, su poder explicativo y predictivo ha sido olvidado en un mundo que concibe al problema de la adicción sólo desde las características químicas de las sustancias o de los efectos cerebrales de las drogas. Lo cual es un grave error, debido a que ninguno de los dos modelos mencionados puede explicar por sí solos que llevó a una persona a desarrollar la adicción y que acciones se pueden hacer para prevenirla.

La necesidad de la evaluación de la adicción desde el modelo bioconductual:

Pese a los intentos de algunos teóricos por crear representaciones ciertamente novelescas, como aquella metáfora que cuenta cómo las sustancias psicoactivas secuestran el circuito de recompensa del cerebro (Flores y Fernández, 2011; Becoña y Cortés, 2011), nosotros proponemos realizar una mirada integral al fenómeno de la adicción basada en el modelo biopsicosocial o bioconductual (Secades-Villa, García-Rodríguez, Fernández-Hermida y Carballo, 2007), aun a sabiendas de que para establecer el peso de cada uno de los factores propuestos, la generalidad no sirve. La única forma de poder explicar el mantenimiento de una conducta adictiva es atendiendo al caso del sujeto particular y las circunstancias históricas, contextuales y culturales que rodean su consumo de drogas. De otra forma, caeríamos en un reduccionismo poco útil para explicar un fenómeno complejo.

El efecto del contexto en el desarrollo de las adicciones basado en las investigaciones de Bruce Alexander y su Park Rats:

Sin embargo, el profesor emérito de la Universidad de Vancouver Bruce Alexander, fue el primero en señalar que el ambiente o entorno en el que se realizaban estos experimentos con drogas y animales, importaban y mucho (1978, 1981, 1982).” Por cuestiones de espacio no profundizaremos en la serie de los experimentos que realizó entre 1978 y 1982 y que se han conocido como el Rats Park, pero en ellos Alexander y sus colabodores proporcionaban a las ratas un ambiente sumamente enriquecido de estimulación (ruedas para jugar, camadas de crías, otras ratas, un amplio espacio en el que moverse, etc.) a la vez que, a modo de resumen, les daban a elegir entre la auto-administración de morfina y agua.

Alexander (1978) hipotetizó que la disponibilidad de estimulación apetitiva y reforzante reducía el interés de las ratas por la morfina. ¿Podríamos extrapolar esta explicación al caso humano y a la relación entre determinados contextos empobrecidos y consumo problemático de drogas? Posiblemente sí.

Dismorfia corporal

¿Qué es la dismorfia corporal?

La dismorfia corporal (también conocida como dismorfofobia o trastorno dismórfico corporal) se expresa, en términos generales, como el rechazo explícito a un atributo concreto (o a varios) del cuerpo.

Supone una distorsión en el proceso de autopercepción, que magnifica un pequeño defecto (inapreciable a los ojos de los demás) o que directamente lo identifica donde no está. En lo sucesivo exploraremos cada uno de sus síntomas fundamentales.

Es un trastorno relacionado con la percepción que una persona tiene de su propia imagen física. En algunos casos, estas personas se sienten acomplejadas por algún defecto físico que, aún siendo real, ellas magnifican de forma desmesurada.

Las grandes protagonistas de redes sociales como Facebook, Instagram, Twitter o Snapchat, son las fotos, y más ahora en verano. “Selfies” e imágenes de famosos y famosas nos reiteran una y otra vez un supuesto modelo de “cuerpo perfecto”. Es normal que todas y todos al mirarnos al espejo y recordar estos modelos de belleza, nos hagamos preguntas como: ¿Tengo el pecho demasiado pequeño? ¿Mi nariz es demasiado grande? ¿Están tan marcados mis pectorales? ¿Tengo el vientre suficientemente plano?… Hacerse preguntas de este estilo puede ser normal, pero para algunas personas estas preguntas son la expresión de una preocupación excesiva, y las respuestas siempre apuntan en la misma dirección: ven en el espejo defectos, deformidades y carencias. Estas personas pueden padecer un Trastorno Dismórfico Corporal, también denominado con términos como Dismorfia CorporalDismorfofobiaSíndrome de la Distorsión de la Imagen o más comúnmente Síndrome del Espejo.

Cuando al mirarme mi cerebro transforma lo que veo

 


 

Interpretación del dolor

El dolor se acompaña, con mucha frecuencia, de una emoción intensa. Ésta es el resultado de su procesamiento perceptivo, en el cual confluye la sensación corporal (correlato fisiológico asociado al daño sobre los tejidos) y su correspondiente cognición (interpretación subjetiva).

Como surge y quien lo interpreta

De camino a un encuentro, tropiezo con uno de los escalones y caigo de bruces al suelo… al instante, mi rodilla golpeada contra el duro pavimento de la calzada, comienza a dolerme intensamente. La rodilla me duele, pero… ¿es ahí donde se produce el dolor? La respuesta es no. Uno de los errores básicos, desbancados actualmente por la ciencia pero aún instalados en la cultura popular, es creer que el dolor se genera en los tejidos donde se ha producido la amenaza o la agresión, como si hubiera unos receptores de dolor desperdigados por todo el cuerpo que segregaran mi dolor en la zona golpeada contra la acera.

En realidad el dolor surge del cerebro. Recibe las señales que le llegan en décimas de segundo, las interpreta y genera el dolor.

El cerebro puede «sentir» el dolor de varias maneras, con mayor o menor intensidad, incluso si el estímulo corporal se mantiene constante.

Rumiación

La rumiación del pensamiento

La rumiación es un proceso cognitivo en el que se observa la irrupción de un pensamiento recurrente, generalmente de contenido adverso. Consume muchos de los recursos atencionales disponibles, por lo que atenúa la orientación hacia la experiencia directa del momento presente.

La rumiación del pensamiento es el fenómeno psicológico que aparece cuando nuestro foco de atención se queda «enganchado» en un elemento real o imaginario que nos produce estrés y malestar.
El pensamiento rumiativo es un patrón mental obsesivo en el que una persona oscila entre los distintos aspectos de una cuestión, pasando de un pensamiento a otro sin soluciones.
Rumiaciones, preocupaciones, pensamientos obsesivos… … Darle vueltas obsesivamente a los pensamientos, además de alejarnos de la realidad al colocarnos en un futuro casi siempre catastrófico, genera una gran ansiedad y en ocasiones, puede llevar a la persona hasta la depresión.

El Síndrome de Proscuto

El secreto de mi éxito, fue rodearme de  personas mejores que yo

El Síndrome de Proscuto describe a aquellos que, al sentirse desbordados por el talento de los demás (compañeros de trabajo e incluso miembros de su propia familia), articulan una conducta que persigue el menosprecio y degradación de sus méritos. Suelen vivir en la mediocridad.

Cuando hablamos del Síndrome de Procusto hablamos de la incapacidad para reconocer como válidas ideas de otros, el miedo a ser superado profesional o personalmente por otros, la envidia

El Procusto está dominado por el miedo a perder su poder. Esto le genera una baja autoestima. En definitiva, un cóctel difícil de asimilar que origina toda la conducta por MAL pensar. (*)

Y si alguna vez has actuado como un Procusto (no te sientas mal por ello… es más común de lo que parece)… eres tú quien tiene su desarrollo profesional y personal frente a ti, pero no lo estás aprovechando debido precisamente a tu síndrome, tan limitante como limitador.

(*) MAL pensar: «creo que controlando a los demás y estancándoles, voy a conseguir mantener mi poder y mi estatus, ya que esto es lo único que importa«.