Interpretación del dolor

El dolor se acompaña, con mucha frecuencia, de una emoción intensa. Ésta es el resultado de su procesamiento perceptivo, en el cual confluye la sensación corporal (correlato fisiológico asociado al daño sobre los tejidos) y su correspondiente cognición (interpretación subjetiva).

Como surge y quien lo interpreta

De camino a un encuentro, tropiezo con uno de los escalones y caigo de bruces al suelo… al instante, mi rodilla golpeada contra el duro pavimento de la calzada, comienza a dolerme intensamente. La rodilla me duele, pero… ¿es ahí donde se produce el dolor? La respuesta es no. Uno de los errores básicos, desbancados actualmente por la ciencia pero aún instalados en la cultura popular, es creer que el dolor se genera en los tejidos donde se ha producido la amenaza o la agresión, como si hubiera unos receptores de dolor desperdigados por todo el cuerpo que segregaran mi dolor en la zona golpeada contra la acera.

En realidad el dolor surge del cerebro. Recibe las señales que le llegan en décimas de segundo, las interpreta y genera el dolor.

El cerebro puede «sentir» el dolor de varias maneras, con mayor o menor intensidad, incluso si el estímulo corporal se mantiene constante.

Rumiación

La rumiación del pensamiento

La rumiación es un proceso cognitivo en el que se observa la irrupción de un pensamiento recurrente, generalmente de contenido adverso. Consume muchos de los recursos atencionales disponibles, por lo que atenúa la orientación hacia la experiencia directa del momento presente.

La rumiación del pensamiento es el fenómeno psicológico que aparece cuando nuestro foco de atención se queda «enganchado» en un elemento real o imaginario que nos produce estrés y malestar.
El pensamiento rumiativo es un patrón mental obsesivo en el que una persona oscila entre los distintos aspectos de una cuestión, pasando de un pensamiento a otro sin soluciones.
Rumiaciones, preocupaciones, pensamientos obsesivos… … Darle vueltas obsesivamente a los pensamientos, además de alejarnos de la realidad al colocarnos en un futuro casi siempre catastrófico, genera una gran ansiedad y en ocasiones, puede llevar a la persona hasta la depresión.

El Síndrome de Proscuto

El secreto de mi éxito, fue rodearme de  personas mejores que yo

El Síndrome de Proscuto describe a aquellos que, al sentirse desbordados por el talento de los demás (compañeros de trabajo e incluso miembros de su propia familia), articulan una conducta que persigue el menosprecio y degradación de sus méritos. Suelen vivir en la mediocridad.

Cuando hablamos del Síndrome de Procusto hablamos de la incapacidad para reconocer como válidas ideas de otros, el miedo a ser superado profesional o personalmente por otros, la envidia

El Procusto está dominado por el miedo a perder su poder. Esto le genera una baja autoestima. En definitiva, un cóctel difícil de asimilar que origina toda la conducta por MAL pensar. (*)

Y si alguna vez has actuado como un Procusto (no te sientas mal por ello… es más común de lo que parece)… eres tú quien tiene su desarrollo profesional y personal frente a ti, pero no lo estás aprovechando debido precisamente a tu síndrome, tan limitante como limitador.

(*) MAL pensar: «creo que controlando a los demás y estancándoles, voy a conseguir mantener mi poder y mi estatus, ya que esto es lo único que importa«.

La autocompasión

LA AUTOCOMPASIÓN
Un antídoto contra la conversación negativa interior

Es una actitud existencial que nos protege de la crítica constante con la que solemos comunicarnos con nosotros mismos. Implica la integración emocional de nuestros rincones más oscuros, la disposición a dotarlos de claridad y la tolerancia a la imperfección.

1- Observa el sufrimiento y descubre por qué te ocurre.

2- Mira tu sufrimiento tal y cómo es. Siéntelo. No lo reprimas.

3- Acepta el sufrimiento en lugar de ignorarlo. Acepta que sufrir es parte de la vida, y que si pones de tu parte es temporal.

4- Desea tu felicidad y el fin de tu sufrimiento. Date un abrazo mental.

5- Deja marcha ese sufrimiento de tu corazón. Libéralo o déjalo a un lado. Aprecia las cosas tal y cómo son. Debes estar presente en tu realidad.

6- Sé agradecido por tu realidad actual y por la fuerza que tienes para poder cambiar tu realidad para hacer otra mejor.


Ten afirmaciones positivas en tu mente

La autocompasión es una práctica que puede cambiar mucho la manera en que nos percibimos a nosotros mismos.

Porque mujeriego narcisista rechaza sexualmente su pareja.

¿Qué es el narcisismo sexual?

Lo feliz que tu pareja te hace podría estar determinado por la cantidad de sexo que tus amigos creen que estás teniendo, si es que eres un narcisista sexual, claro

La clave del narcisista sexual es servirse del otro para satisfacción o placer de uno mismo, esto es, te quiero y quiero estar contigo si me complaces, me mimas, te desvives por mí… el único importante en la relación es él. No hay que confundirlo con el narcisista típico, pues el narcisista sexual tiene tendencia a explotar a otras personas, falta de empatía, sentimientos de grandiosidad y una excesiva necesidad de validación en el dominio sexual.

Los narcisistas sexuales se aprovechan de los demás sin ningún tipo de miramiento o escrúpulo

Casi todo el mundo tiene curiosidad sobre la vida sexual de otras personas, pero los narcisistas sexuales en concreto, son los que más probabilidades tienen de verse afectados por las comparaciones, ya que tienden a hacer comparaciones con aquellos que son sexualmente menos capacitados.

Los narcisistas sexuales están más inclinados a hacer una comparación descendente, básicamente comparándose ellos mismos con alguien hacia quien se sentían superior. Así, cuanto mejor pensaban que lo estaban haciendo mayor satisfacción sexual para ellos, aunque son menos felices en sus propias relaciones si los demás practican más sexo que él o si otras personas intimaban más a menudo.

Los narcisistas sexuales pueden ser encantadores, tener un sentido desorbitado del yo y priorizar el físico sobre lo emocional; son más propensos a ser adictos al sexo, al uso de la fuerza física y a las mentiras.

¿Eres un narcisista?

El narcisismo se representa generalmente como una combinación desmesurada de amor propio, vanidad y autoadmiración. El narcisismo no tiene por qué ser algo negativo. Y es que un “egoísmo sano” tiene un efecto positivo para la salud y puede ser de gran ayuda por ejemplo en la vida laboral. Así, en la mayoría de las personas se encuentra un pequeño narcisista.

Sin embargo, si la autoestima es exagerada y el deseo de aprobación, atención y admiración es constante el narcisismo puede adoptar rasgos patoloógicos. Y es que un trastorno de la personalidad narcisista puede atormentar a los afectados. Su entorno también suele sufrir mucho.

La pareja narcisista

narcisismo

Cielo e infierno. De la pareja perfecta y encantadora a la pareja egoísta, insensible e incluso cruel. Nada es suficientemente bueno, grandioso o perfecto para una persona narcisista, ni siquiera tú. ¿Te has enamorado de alguien ahogado en su reflejo ideal? Ten cuidado: no te ahogues también.

En una primera instancia, parecen personas superiores al resto. Más agradables, más serviciales, más románticos, más inteligentes, más fascinantes. Parecen ser la respuesta idónea para todas las personas que vegetan en sus vidas esperando que llegue ese amor de película que les haga vibrar. Príncipes azules o princesas rosas.

Al inicio de la relación, ya existen detalles que resultan muy extraños. Pequeñas críticas, desplantes o discrepancias entre hechos y palabras. Entre el despliegue del cortejo, se suelen ignorar las alarmas.

No todas las personas que dan una de cal y otra de arena padecen de narcisismo patológico. Pero el narcisista siempre da una de cal y otra de arena y la descompensación entre una conducta y la otra, es abismal. Una de las frases más comunes en quienes han tenido una pareja de este tipo es me subía al cielo para estrellarme contra el suelo. ¿El resultado?: el otro se enamora perdidamente o sale huyendo.

A pesar de lo que se cree, no es una persona que se quiere una barbaridad. No es un amante, es un enamorado. Tiene una imagen idealizada de sí mismo/a. El mismo proceso es el que sigue al elegir pareja. No puede enamorarse si no ve al otro como alguien superior, ya sea por su belleza, juventud, dinero o estatus social.

Al igual que no consigue pasar del enamoramiento al amor por sí mismo, tampoco lo sabe hacer con su pareja. Y como no puede compartir el trono, pasa de idealizarla a devaluarla. Su compañero es su reflejo: cuando lo castiga, se castiga por no ser extraordinario; por no ser digno de ser amado.

Los narcisistas son personas dependientes de los demás. Su autoestima depende de la mirada ajena. Una impresión positiva le llena, una impresión negativa, le hunde. A medida que pasan los años, su público va abandonando el espectáculo enfrentándole con la amenaza más temible: la soledad.

No acepta la realidad: razonar con una persona con este problema conduce a la más absoluta frustración. Simplemente, habla en otro idioma. Puede admitir el punto de vista del otro en el momento, pero será un acuerdo fugaz. Sus esquemas son rígidos: les aterrorizan los cambios que no pueden controlar.

La pareja narcisista acostumbra a tener una personalidad adictiva: al temer la realidad, necesitan evadirse constantemente. Son habituales los problemas con el alcohol y/o las drogas, en especial la cocaína.

Tampoco pueden amar: su nula autenticidad y su escasa empatía les mantienen en un estado de desconexión con sus propias emociones y las de los demás. Funcionan en base de apariencias. Para ellos, sólo hay dos tipos de personas: las que utilizan o las que se dejan utilizar. Como temen a su propia humanidad, la rechazan en los demás.

No muestra un verdadero interés por el otro: ni sus sueños, ni su entorno, ni sus amistades, ni su familia, ni sus intereses o necesidades son relevantes para la pareja narcisista.

Carecen de autocontrol: tienen explosiones de ira por razones que parecen absurdas. Finalmente la pareja se encuentra pidiendo perdón hasta por pedir perdón.

A pesar de las apariencias, sufren mucho. Desconocen quienes son realmente y como expresarse ante un mundo del que se encuentran desvinculados. El narcisista es realmente una persona amordazada en el interior de una cárcel erigida con miedos. Sólo una crisis grave o la pérdida pueden abrirle las puertas de un cambio.

Aun a día de hoy, las personalidades narcisistas son socialmente admiradas.

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¿Quienes son las parejas que suelen estar al lado de una persona narcisista?

Vivimos en una sociedad que fomenta el vivir de cara a la galería, el no cultivar la felicidad, sino los placeres rápidos, la adicción a la novedad y la intolerancia a la frustración. La mayoría de personas hoy día poseen algunos o muchos de los rasgos de una personalidad narcisista. Lo que nos atrae de alguien que padece esta enfermedad emocional, es su versión idealizada, ya que su realidad es distorsionada y angustiante. ¿Quién no desea estar junto a un ser especial y maravilloso sacado de un cuento de hadas? La realidad es que nadie es mejor que nadie, pero hay quienes se las arreglan para creer (y hacer creer) que ellos sí lo son.

El narcisista patológico suele reflejar esta parte infantil que se mueve en los chutes, en los extremos – la montaña rusa emocional- y que necesita sentirse admirada, especial e única gracias a las atenciones de seres extraordinarios.

En pocas palabras: si permanecemos junto a una pareja narcisista, normalmente hay algo en nosotros que tiene cierta afinidad hacia ese patrón de grandeza, de lucir fachada y de vender lo que no existe para que el mundo exterior lo admire.

La autoaceptación, la madurez y una buena autoestima son los mejores antídotos contra el narcisismo propio y ajeno.

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Recuperarse de una relación tóxica con un narcisista

Existen dos obstáculos habituales:

1) La idealización del narcisista: Las parejas creen que el príncipe o la princesa es real y el “otro” que maltrata, manipula o utiliza, es una especie de transitoria enfermedad ajena al objeto de sus amores. Ni el príncipe ni el “otro” son personalidades auténticas, sino defensas emocionales. El enganche histérico que produce el juego de la cal y de la arena del narcisista es confundido con amor extremo: no lo es. Al enamoramiento lo alimenta cualquier cosa, pero el amor requiere verdad y difícilmente se ama a quien no se conoce lo más mínimo.

2) Ser pareja ONG: investigar complejos artículos de psicología y psiquiatría, aplicar tácticas de contramanipulación, imitar los comportamientos del narcisista, intentar razonar con él…son comportamientos que no llevan más que darse contra puertas cerradas. Si hay alguna posibilidad de que una persona con cualquier tipo de problema se trate, sólo ocurrirá si se siente mal por ello y desea cambiarlo. Otras vías son una pérdida de tiempo, energía y salud mental.

Si finalmente se opta por cortar esta relación, es preciso, como en todo amor adictivo, cortar todos los vínculos ysuperar un síndrome de abstinencia.

Demonizar al narcisista es contraproducente: se trata de un ser humano, no de un supervillano de película y sus problemas no son excepcionales. Los únicos poderes que tiene son los que se le otorguen.

Romper con la idealización es posiblemente la parte más difícil del duelo de este tipo de relaciones. De alguna manera la persona enganchada sigue aferrada a la idea de que si el narcisista se “cura” serían muy felices. Es esencial subrayar la importancia de responsabilizarse de ser feliz por uno mismo y empezar a poner los ojos en otras metas que no dependan de factores externos, sino de nuestra propia fuerza, pasión o valía. La vida es amplia y está llena de riquezas y posibilidades. Una persona es sólo una ínfima parte de todo ello.

El maltrato psicológico e incluso físico aparece de forma frecuente en relaciones con narcisistas patológicos: en este caso, es muy recomendable solicitar asistencia profesional, tanto para tratar la adicción a la relación como para las consecuencias traumáticas que puede acarrear.