La falta de deseo sexual

La falta de deseo sexual es un bajo nivel de interés en las relaciones sexuales, en la que el afectado no responde al deseo de actividad sexual de la pareja.

Aunque ambos sexos pueden sufrir este problema, las mujeres lo padecen en mayor medida, llegando a producir sentimientos de culpa.

Los hombres se les ha educado en una sexualidad genital, muy enfocada en su pene. “Tener sexo es un mandato masculino muy fuerte, de modo que parece que la pérdida de erección es un gran problema, porque se espera una erección visible del hombre. Las mujeres, por el contrario y de forma general, no han sido educadas en el sexo”.

El deseo erótico en el ser humano es bastante complejo, por lo que la “falta de deseo sexual” se puede deber a causas muy diversas:

  • En ocasiones, el estilo de vida, el estrés, el cansancio, la sobrecarga de obligaciones laborales y/o personales, pueden afectar al deseo.
  • Las crisis personales o familiares, los duelos, los problemas personales (inseguridad laboral, enfermedades familiares o propias, situaciones de insatisfacción personal…), pueden también interferir en el deseo.
  • Si las relaciones anteriores no han sido placenteras, o se han vivido con insatisfacción, esto también puede influir en el deseo.
  • Hay también factores físicos (enfermedades, problemas orgánicos, efecto de ciertos fármacos…) que pueden influir en el deseo.
  • La relación de pareja también tiene mucho que ver con el deseo. Si uno de los miembros siente que ya no hay intimidad con la pareja, no se siente cuidado o cuidada, ya no siente atracción por su pareja, o hay distancia emocional… esto también puede disminuir el deseo.
  • Los problemas de pareja, las discusiones, los enfados… pueden igualmente afectar al deseo.
  • Etc.

Tipos de falta de deseo sexual

Cuando el problema de la falta de deseo sexual se presenta, se pueden distinguir varios tipos.

  • Primaria: afecta especialmente a mujeres que nunca en sus vidas han tenido un deseo sexual suficiente. Supone una nula capacidad para tener fantasías sexuales y escasas conductas con un fin sexual. Se da desde la adolescencia y empeora en el adulto.
  • Secundaria: aquellas personas que han disfrutado de un deseo normal pero que pierden el interés por la conducta sexual.
  • Generalizada: el afectado no puede experimentar deseo ni hacia su pareja ni hacia otras personas.
  • Situacional: no experimenta deseo sexual hacia su pareja, pero sí hacia otras personas.

Causas

Todos estos tipos pueden tener diferentes causas, o bien orgánicas o psicológicas. Entre las orgánicas el Instituto Sexológico Murciano menciona:

  • Tratamiento con algunos medicamentos.
  • Alteraciones hormonales y problemas neuroendocrinos.
  • Enfermedades metabólicas.
  • Enfermedades crónicas.

Entre los factores psicológicos que destacan están:

  • Problemas de pareja.
  • Disfunciones sexuales, como anorgasmia, vaginismo o disfunción eréctil.
  • Trastornos del estado de ánimo.
  • Ansiedad y estrés.
  • Cansancio.
  • Miedo a no satisfacer a la pareja.
  • Vida sexual poco satisfactoria.
  • Monotonía.

A veces no hay una sola causa, sino que son varias las que están produciendo la falta de deseo sexual. Al igual que sucede en otro tipo de dificultades, los problemas de deseo no tratados pueden empeorar con el tiempo, y llegar a afectar a la relación de pareja.

Cuando la ansiedad, una depresión o un problema del estado de ánimo son los factores principales por los que se ha perdido el interés por la sexualidad, una psicoterapia individual específica es lo más apropiado para empezar.

En muchas ocasiones, la causa de esta disminución de deseo puede estar en aspectos relacionados con la pareja, o la vida sexual en particular. En estos casos, buscar profesionales específicos (terapia sexual y-o terapia de pareja), puede ser una buena opción.

Autoevaluación de la ansiedad

Si cuantificamos la frecuencia o la intensidad de las respuestas o síntomas de ansiedad (preocupaciones, inseguridad, temor, palpitaciones, aceleración cardiaca, evitación de situaciones, etc.) podemos medir nuestro nivel de ansiedad.

Con el propósito de medir o evaluar la ansiedad, se elaboró el Inventario de Situaciones y Respuestas de Ansiedad (ISRA), que fue desarrollado por los profesores de la Universidad Complutense de Madrid Juan José Miguel Tobal y Antonio Cano Vindel. El ISRA fue publicado en el año 1986 y ha sido traducido a más de una docena de lenguas diferentes. Se trata de un test psicológico que permite medir el nivel de ansiedad de cualquier individuo, a partir de los 15-16 años (existen también otras versiones para niños y adolescentes).

Evalúa el nivel general de ansiedad (rasgo general de personalidad ansiosa) y los tres sistemas de respuesta por separado: lo que pensamos, o sistema cognitivo; lo que sentimos a nivel corporal, o sistema fisiológico; y lo que hacemos, o sistema conductual-motor. También evalúa cuatro rasgos específicos de ansiedad o áreas situacionales: ansiedad ante situaciones de evaluación, ansiedad en situaciones sociales o interpersonales, ansiedad en situaciones fóbicas, y ansiedad en situaciones de la vida cotidiana.

Presenta una serie de situaciones que pueden generar ansiedad, que son aquéllas en las que solemos reaccionar normalmente con ansiedad, así como otro conjunto de respuestas, que constituyen los principales síntomas de ansiedad. Este test posee una gran capacidad de discriminación entre grupos, pues permite diferenciar por sus puntuaciones entre sujetos con trastornos y sujetos sin trastornos. Así lo demuestran los estudios científicos realizados comparando entre distintas muestras de individuos de población general, con sujetos que presentaban trastornos psicofisiológicos (trastornos cardiovasculares, como hipertensión, arritmias, etc.; sujetos con trastornos dermatológicos; dolores relacionados con tensión; etc.) o con sujetos que padecían trastornos de ansiedad (crisis de ansiedad, agorafobia, fobia social, ansiedad generalizada, trastorno obsesivo compulsivo, etc.).

Como todos los tests psicológicos, el ISRA debe ser aplicado por un profesional de la psicología que sea especialista en el tema. No obstante, es posible realizar una evaluación aproximativa del nivel de ansiedad que tenemos a partir de algunos de los síntomas que incluye este test, que sirva al lector a modo de autoevaluación. En la Web de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAS) está publicado una versión de doce síntomas, que vamos a reproducir aquí.

Muestra de síntomas o respuestas de ansiedad

  • Respuestas Cognitivas (lo que pensamos o sentimos) – Preocupación – Pensamientos o sentimientos negativos sobre uno mismo – Inseguridad – Temor a que nos noten la ansiedad y a lo que pensarán si esto sucede
  • Respuestas Fisiológicas (lo que sucede en nuestro cuerpo) – Molestias en el estómago – Sudor – Temblor – Tensión – Palpitaciones, aceleración cardiaca
  • Respuestas Motoras (lo que manifestamos en nuestro comportamiento) – Movimientos repetitivos (pies, manos, rascarse, etc.) – Fumar, comer o beber en exceso – Evitación de situaciones

Realizar test de autoevaluación

Dismorfia corporal

¿Qué es la dismorfia corporal?

La dismorfia corporal (también conocida como dismorfofobia o trastorno dismórfico corporal) se expresa, en términos generales, como el rechazo explícito a un atributo concreto (o a varios) del cuerpo.

Supone una distorsión en el proceso de autopercepción, que magnifica un pequeño defecto (inapreciable a los ojos de los demás) o que directamente lo identifica donde no está. En lo sucesivo exploraremos cada uno de sus síntomas fundamentales.

Es un trastorno relacionado con la percepción que una persona tiene de su propia imagen física. En algunos casos, estas personas se sienten acomplejadas por algún defecto físico que, aún siendo real, ellas magnifican de forma desmesurada.

Las grandes protagonistas de redes sociales como Facebook, Instagram, Twitter o Snapchat, son las fotos, y más ahora en verano. “Selfies” e imágenes de famosos y famosas nos reiteran una y otra vez un supuesto modelo de “cuerpo perfecto”. Es normal que todas y todos al mirarnos al espejo y recordar estos modelos de belleza, nos hagamos preguntas como: ¿Tengo el pecho demasiado pequeño? ¿Mi nariz es demasiado grande? ¿Están tan marcados mis pectorales? ¿Tengo el vientre suficientemente plano?… Hacerse preguntas de este estilo puede ser normal, pero para algunas personas estas preguntas son la expresión de una preocupación excesiva, y las respuestas siempre apuntan en la misma dirección: ven en el espejo defectos, deformidades y carencias. Estas personas pueden padecer un Trastorno Dismórfico Corporal, también denominado con términos como Dismorfia CorporalDismorfofobiaSíndrome de la Distorsión de la Imagen o más comúnmente Síndrome del Espejo.

Cuando al mirarme mi cerebro transforma lo que veo

 


 

DE LA MUERTE
Procesos del dolor por la perdida

Los procesos del dolor o duelo ante una perdida es, psicológica y biológicamente hablando, una reacción completamente normal y esperable. Es posible observar periodos de duelo ante cualquier clase de pérdida, de un objeto, de una relación, un rol social o incluso ante el abandono de una sustancia adictiva que lleve arrastrando a la persona varios años como dejar de fumar. Estas reacciones y procesos se dan en mayor o menor escala mientras la persona se enfrente a cualquier clase de pérdida.

La pérdida de un ser querido suele ser la mas común en el campo psicoterapéutico. Las raíces de esta reacción y el proceso consecuente se pueden situar en el desarrollo de las relaciones de apego, muestra de ello es que el duelo no es exclusivo en la raza humana sino que también es observable entre animales.


¿Cómo afrontar la perdida de un ser querido?

En primer lugar hay que señalar un aspecto clave: el duelo ante la muerte de un ser querido no debe categorizarse como una enfermedad mental sino, más bien, como un proceso de recuperación de un desequilibrio, un retorno a la homeostasis si se prefiere. La metáfora explicativa más aproximada a nivel biológico seria similar al proceso de curación de una herida. Estaremos de acuerdo en que negar el dolor, ocultar su existencia a la ayuda profesional o manipularlo constantemente no permitirá al cuerpo ejecutar correctamente su curación.


4 fases

El primer paso, por obvio que resulte, esta en aceptar la realidad de la perdida, pudiendo asistir aquí a una reorganización de los esquemas del sujeto. Esta es la fase donde los bloqueos pueden hacer su aparición ante el shock producido por la desaparición, especialmente si ha sido súbita o no ha habido tiempo suficiente de despedirse. Encontraremos bloqueando dos mecanismos de defensa, el de negación, esto se manifiesta por ejemplo guardando todo exactamente igual que cuando la persona estaba viva mediante la intocabilidad de sus posesiones, como si fuera a volver en cualquier momento o, en el extremo contrario, produciendo una minimización del impacto del suceso (si es que existió vínculo) mediante una indiferencia a todas luces excesiva, seria continuar como “si no hubiese pasado nada”. Ambas posiciones suelen ser indicativas de un duelo no elaborado. Aquí se vuelven, por tanto, de especial importancia las acciones físicas y los rituales (funeral, carta de despedida, etc.) que ayudan a aceptar paulatinamente la irreversibilidad de la perdida. Asimismo existen tareas que trabajamos en psicoterapia que pueden ayudar a completar esta fase cuando la persona no ha tenido tiempo o no se ha despedido correctamenterituales de despedida tales como cartas al fallecido o reorganizaciones asociadas a objetos. La idea es ayudar al afectado a marcar un antes y un después, a cambiar, modificar o ejecutar algo que impresione sobre su mente la irreversibilidad del hecho.

En segundo lugar es preciso trabajar las emociones y el dolor. En muchas ocasiones la sociedad actual esconde o trata de minimizar todo lo relacionado con la muerte, al contrario de muchas sociedades más primitivas que resuelven de forma excelente y creativa estos procesos. Este hecho hace que a veces se tolere mal las manifestaciones de afecto negativo, que resultan absolutamente necesarias y en especial en estos casos: el dolor y la posibilidad de manifestarlo son necesarias. Refugiarse en idealizaciones, no ser capaz de una observación suficientemente imparcial de los sentimientos propios hacia la persona fallecida o tratar recurrir a drogas para anestesiar los estados emocionales disfóricos procedentes de los recuerdos acerca del finado, suele derivar en bloqueo y el hecho de evitar el duelo puede conducir, tarde o temprano, a un colapso o a la manifestación de sintomatología depresiva.

Tercera fase, se llega a una fase de adaptación: la persona atiende a un medio en el que el fallecido esta ausente y ha de volver a afrontar situaciones, lugares o tareas que ejercía con apoyo o deberá suplir a la persona que ha fallecido. Aquí debemos hacer especial hincapié en los modelos de familia patriarcales y en personas financieramente dependientes o con una autoestima basada en el cuidado de los demás. En estos casos, esta fase les resultara el paso más complejo, ya que por un lado hay que afrontar o suplir los recursos que proveía el fallecido y tratar, asimismo, de que el circulo social no se “queme” debido a las manifestaciones de pesar. Resulta  de gran importancia mantener los contactos sociales y buscar su apoyo puesto que es aquí donde pueden aportar más soluciones y dar más ayuda práctica además de apoyo emocional. En varias ocasiones se ha comprobado que las personas externas reaccionan mejor y prestan más apoyo a aquellos que encaran las perdidas o catástrofes de forma pro-activa. El aislamiento surgirá como la principal amenaza de esta fase del proceso, capaz de bloquear a la persona. Téngase en cuenta que estamos hablando también de la pérdida de un rol, que generalmente se ha estado desarrollando con la persona fallecida durante años y en una relación de complementariedad emocional, material o social no es extraño que la autoestima pueda resultar afectada de forma directa.

Cuarta fase. Finalmente es de esperar que si se han elaborado las fases anteriores correctamente la persona sea capaz de recolocar emocionalmente al fallecido, esta es la fase de continuar viviendo y puede prolongarse durante el resto de la vida de la persona; en el fondo es un punto y aparte a partir del cual el sujeto afectado puede reconstruir su vida y sus actividades, sin por ello dejar de recordar al ser querido. Esta es la serenidad que se busca al final de un proceso de duelo y no tiene un tiempo preciso de resolución, a pesar de lo que la literatura médica, psiquiatrica y psicológica han tratado de proponer acotando los periodos.

Cabe añadir que probablemente nos encontraremos con una serie de reacciones en estas fases, sintomatología que es perfectamente normal observar en una persona elaborando el duelo, sin por ello categorizarla como patológica: los sentimientos de ansiedad, de tristeza, la impotencia, las pesadillas e incluso las alucinaciones con el ser querido no son patológicas. El conocido sentido de presencia es una reacción del cerebro adaptándose a una perdida, hecho que debemos respetar dentro de un plazo de tiempo razonable. Hay que señalar también que no debe sorprender que las fases no sean lineales, así que hay que contemplar la posibilidad de regresiones o recaídas en fases anteriores, sin que esto implique que el trabajo se está haciendo erróneamente. Al contrario, puede dotar de conocimiento al paciente sobre si mismo y darse cuenta de donde le lleva cada línea de actuación, cada cadena de pensamientos, y ayudarle a vislumbrar donde puede necesitar más ayuda o nuevos recursos.

Ante estos procesos tan complejos, que se extienden, retraen, que parecen mejorar para luego volver atrás… ¿en que nos podemos basar para saber cuando las cosas no están marchando correctamente? Para saber cuando nos enfrentamos a un duelo mal elaborado, ya que resultaría burdo hacerlo con un limite temporal rígido (excepto en casos abiertamente muy extensos), podemos tomar una pauta simple: según mi experiencia es especialmente importante la existencia o sensación de bloqueo por parte del sujeto, esta es una de las mejores formas de detectarlo. Si la persona tras un tiempo no ha sido capaz de aceptar la perdida, continua actuando y hablando de la persona fallecida en presente, evita el tema con ansiedad extrema, se ha aislado del entorno o bien se ha visto muy limitada en sus capacidades… puedes hacerle la famosa pregunta que Francine Shapiro le hacía a sus paciente bloqueados con TEP: ¿qué hacías antes que ahora no puedes? Su respuesta nos puede dar grandes indicios de dónde se ha quedado estancado el proceso normal de duelo.

Respecto al uso de psicofármacos hay que señalar que resultaría un enfoque muy incorrecto administrar medicación antidepresiva por normaLo más recomendable puede llegar a ser alguna medicación pautada y temporal dedicada a paliar la sintomatología ansiosa o problemas directos como el insomnio. El duelo no es necesariamente productor de una depresión y esta no podrá ser tratada de forma correcta mediante psicofarmacología hasta que este esté debidamente procesado y elaborado.


¿Quién puede ayudarme a afrontar una muerte?

Los profesionales implicados en estos procesos pueden ser desde profesionales sanitarios (médicos, enfermeros, trabajadores sociales, psicólogos…) hasta grupos de apoyo informales en los que los afectados se sientan cómodos o identificados y puedan compartir experiencias comunes, a ser posible con un miembro profesional para guiar y redirigir. Resulta más conveniente evitar decididamente cualquier grupo con posible deriva sectaria (grupos espiritistas o místico-mágicos) que aprovechen el estado de inestabilidad emocional de los afectados para fines económicos, no solo por la perdida de dinero, sino también por las consecuencias para el estado mental del individuo, ya que estos grupos suelen estar fundamentados en creencias irracionales que más que ayudar bloquean el correcto proceso de duelo. Hoy está comprobado que la actuación conjunta de profesionales y grupos de autoayuda correlaciona, además, con menor probabilidad de trastornos mentales y psicosomáticos en el futuro.


La frustración en los procesos de duelo

Por último, remarcar que no debemos perder de vista el potencial nivel de frustración que en muchas ocasiones percibirán tanto los profesionales como los voluntarios, pudiendo dedicar muchas sesiones al acompañamiento o a la escucha activa. Es muy importante respetar los tiempos, ya que las circunstancias de cada persona, y en especial las del fallecimiento, pueden producir manifestaciones tan variadas que podemos toparnos con la culpa o la rumiación (se piensa una y otra vez cómo pudo haber evitado la muerte), con sentimientos de fuerte injusticia (como la muerte de un hijo pequeño) que pueden llevar a un replanteamiento de valores y creencias espirituales, aspecto que es prioritario respetar independientemente de la confesión religiosa del terapeuta o de la institución que provee la ayuda. También podríamos observar un desarrollo muy distinto en casos donde persiste la incertidumbre del deceso (en las declaraciones de fallecimiento por desaparición) todo ello resulta en un abordaje distinto, idiosincrásico y muy individualizado, que aun pasando por las fases que hemos comentado debe centrarse en conseguir paulatinamente la reincorporación en los niveles mental, social y laboral, junto con un trabajo psicológico y de acompañamiento supervisado por profesionales cuando sea necesario o evidente el bloqueo.

Los procesos psicológicos que surgen en la hipocondría

Trastorno hipocondriaco Psicologia ¿Qué es la hipocondría? … La hipocondría es un trastorno de ansiedad. Las personas hipocondríacas están tan preocupadas por su salud que continuamente se observan e interpretan cualquier señal o cambio en el cuerpo que les confirma una enfermedad grave.

 
La hipocondría o hipocondriasis es una condición en la cual el paciente presenta una preocupación excesiva con respecto a padecer alguna enfermedad grave. El origen del término hace referencia a una región anatómica, el hipocondrio, situada bajo las costillas y el apófisis xifoides del esternón, donde, según la escuela médica humoral, se creía que se acumulaban los vapores causantes de este mal.1​La hipocondría es, en esencia, una actitud que el individuo adopta ante la enfermedad. La persona hipocondríaca se somete, constantemente, a un autoanálisis minucioso y preocupado, incluso obsesivo, de las funciones fisiológicas básicas, y piensa en ellas como una fuente de segura enfermedad biológica.2

La característica esencial de la hipocondría es la preocupación y el miedo o la convicción de padecer una enfermedad grave, a partir de la interpretación personal de alguna sensación corporal o de casi cualquier otro signo que aparezca en el cuerpo.

Un trastorno muy diferente a la hipocondría sería la nosofobia, en la que se presenta un gran miedo a estímulos relacionados con la enfermedad (hospitales o material quirúrgico) y a diferencia de la hipocondría, la persona tiene claro que no padece ninguna enfermedad grave.


Si eres hipocondríaco, es muy probable que tengas terror a la muerte, al dolor, al sufrimiento, a la debilidad y que te resulte insoportable depender físicamente de otros.


El aprensivo, ¿nace o se hace?

Pero, ¿qué nos hace hipocondríacos? Estudios como el del Hospital General Kamitsuga (Japón) han apuntado la estrecha relación entre estos trastornos imaginarios y la depresión. De 86 pacientes depresivos analizados, 49 (un 57%) mostraban síntomas hipocondríacos. Pero también obedece a otras causas. “Se puede dar en personas que estén sometidas a estrés o que tengan trastornos afectivos o basarse en un factor de aprendizaje, por imitación: sabemos que en familias con hipocondríacos hay más hipocondríacos”

Tendemos a pensar que el hipocondríaco es aquel que se pasa el día en el médico (colapsando, por el camino, el sistema sanitario), y no siempre es así. “Se dan dos alternativas” “Hay gente que visita mucho el centro de salud en busca de un diagnóstico que no ha sido todavía reconocido, cambiando continuamente de médico y haciéndose nuevas exploraciones, mientras que a otros les aterroriza tanto que les confirmen sus temores que no van al médico ni se hacen un simple análisis”.


Una hipocondría extrema sí puede originar síntomas reales. «Sería lo que llamamos un ‘efecto nocebo«


Existe La patofobia es el miedo o fobia de padecer una enfermedad grave, normalmente de esas fulminantes (paros cardíacos, infartos coronarios o cerebrales, etc). Se identifica porque el paciente para poder estar tranquilo evita mirarse demasiado las señales del cuerpo, ir al médico, le cuesta medicarse, etc. Y todas las evitaciones son por miedo. Pero cuando más evita lo que teme más el miedo le incrementa.


Como tratar psicologicamente a un hipocondríaco

Resulta imprescindible un abordaje psicológico profesional especializado, puesto que hay que explicar al paciente qué es lo que le ocurre, romper los ciclos de reforzamiento que pueda obtener de la información tranquilizadora y motivarle para que entienda el por qué. La clave es mostrar al propio paciente que “estar enfermo” puede ser una forma de expresar sufrimiento o conflicto más aceptable que la confrontación directa (Baur 1989), por lo que se hace necesario un entrenamiento en gestión emocional, en formas alternativas de encarar la ansiedad e incluso en habilidades sociales.

Nos atraen las personas que nos hacen daño

Los expertos comparan la dependencia emocional con la ludopatía.

Cuando hay una dependencia, sea de una persona o de una sustancia, lo que nos exige es regularnos, pasar ese síndrome de abstinencia, pero eso no se hace en un día, se llega poco a poco», lo mejor es apoyarse en otra persona, bien sea un profesional, un amigo, un compañero o un familiar.

Muchas personas se machacan a ellos mismos y se juntan con personas tóxicas, porque sienten que no merecen más, porque es la única manera que conocen para poder sobrevivir».

El problema es cuando esta persona de la que dependemos nos hace daño: «Esto puede ser por dos razones; por un lado está un aprendizaje adquirido en la infancia y que se tiende a repetir; por otro, como había en algún momento un tipo de recompensa, las personas se hacen adictas a esa necesidad. Igual que el que fuma, o el que juega: si en algún momento se sintió bien con eso, ahora no puede dejar de hacerlo»

«La dependencia emocional funcional igual que un mecanismo de ludopatía, en el momento que yo siento una recompensa con una persona, que en algún momento me trató bien o me hizo sentir querido, me voy a enganchar a esa sensación».

 

LUBRICANTES NATURALES PARA SEXO

LUBRICANTES NATURALES CASEROS PARA TENER SEXO

Un punto a favor que muchos tienen en cuenta con los lubricantes naturales es que estos no interfieren en la efectividad de los espermatozoides ni en la salud de estos. En el caso de una mujer que quiera quedarse embarazada. Una lista con los productos naturales estrella para lubricarían son:

• Clara de huevo: Una muy buena opción es la clara de huevo pues su consistencia es muy similar a la del moco cervical. Una vez usado este lubricante tras la pasión, es muy importante lavar la zona íntima con ahínco para evitar que queden restos que luego puedan dar mal olor y causar incomodidad.


• Yogures: Importante, utilizar yogurt naturales sin azúcar y probióticos. Muchas personas pueden utilizar cualquier tipo de yogur y esto es un fatal error pues pueden llegar a causar infecciones. El yogur natural sin azúcar y probiótico tiene la ventaja de proteger la flora vaginal del cambio brusco entre el semen y el pH de la vagina.


• Aceite de coco: Es uno de los productos más usados para la lubricación en una relación sexual. A pesar de que este se presenta en forma sólida a temperatura ambiente, el aceite de coco se derrite fácilmente con un poco de calor corporal. Es fácil de aplicar, tiene un aroma muy bueno y es bastante fácil de conseguir además de que posee un precio bastante económico.

Ginecólogos y sexólogos clínicos, recomiendan el aceite de coco, pues permiten “agregar una dimensión completamente nueva y divertida al sexo oral”.

Asimismo, el aceite de coco es gran antifúngico e hidratante natural.

Así que ya sabes Wapa, puedes usar el aceite de coco como una alternativa natural para tus encuentro íntimo.


• Aceite de almendra o de sésamo: Estos dos aceites también son muy usados para la lubricación. Es muy importante que, en el caso de estos dos aceites, sean de presión en frío y de origen biológico.