5 motivos que causan la falta de deseo sexual

La falta de deseo sexual es un grave problema dentro de las relaciones de pareja que puede tener diferentes causas. Saber identificarlas y ponerles solución es importante para que la relación no se vea perjudicada. Algunas personas asocian esto a que a la pareja ya no le gustan o que hay otra persona. No obstante, existen razones que pueden provocar lo que se conoce, en términos médicos, como deseo sexual inhibido.

1. El estrés disminuye el deseo sexual

El estrés en España no deja de aumentar. En los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE)hasta un 59% de los trabajadores sufre estrés derivado del trabajo. Sin embargo, a este hay que sumarle las responsabilidades familiares y problemas que pueden incrementarlo.

Todos estos factores a los que se les suma la falta de tiempo que dedicarle a la pareja, hacen que el estrés se dispare y que el deseo sexual disminuya.

Además, en muchas ocasiones, las relaciones sexuales no son satisfactorias porque no se es capaz de desconectar de aquello que está provocando el estrés, lo que ocasiona que estas se espacien, cada vez más, en el tiempo.

2. La aparición de disfunciones sexuales

Las disfunciones sexuales pueden ser una consecuencia del estrés (aunque no siempre es así). En los hombres, entre los 40 y los 70 años, puede surgir la disfunción eréctil. Un problema que causa inseguridad, falta de autoestima y que deriva en un bajo deseo sexual.

En el caso de las mujeres, el vaginismo o la sintomatología de la menopausia (sequedad vaginal y la bajada brusca de hormonas) pueden hacer que el deseo sexual disminuya.

3. Los tratamientos para el cáncer afectan al deseo

Cuando se diagnostica cáncer tanto a un hombre como a una mujer, es normal que su deseo sexual disminuya. Los tratamientos suelen ser muy duros y provocan una serie de efectos secundarios desagradables, como náuseas, dolor, fatiga y una gran preocupación, como indica la Asociación Americana contra el Cáncer.

Todo esto afecta al deseo sexual, ya que sumado a todos estos efectos secundarios se encuentra el desequilibrio hormonal que provoca ese deseo inhibido. Además, no podemos obviar la baja autoestima que puede causar la caída del cabello o el malestar con el propio cuerpo.

4. No estar a gusto con el cuerpo (baja autoestima)

La baja autoestima es un problema creciente en nuestra sociedad debido a los cánones de belleza imposibles y las comparaciones. Esto puede agravarse si existe una disfunción sexual o se sufre alguna enfermedad como el cáncer que repercute en la apariencia física.

Por esta razón, no aceptar el propio cuerpo hace que surja la vergüenza y que esto impida mantener relaciones sexuales satisfactorias. Asimismo, uno puede llegar a no creerse merecedor del afecto de los demás ni de que lo miren con deseo. Todo esto deriva en un deseo sexual inhibido.

5. Falta de comunicación

La falta de comunicación entre la pareja puede ser otra de las causas de un bajo deseo sexual. Tal vez relacionado con las inseguridades con el propio cuerpo o con la falta del tiempo derivada del estrés. Tanto en un caso como en el otro, no comunicar de manera clara los gustos y deseos puede generar una gran frustración que afecte a las relaciones sexuales.

En el aspecto sexual, así como en otros, no es adecuado esperar a que la otra persona adivine lo que nos gusta o lo que no. Comunicarlo abiertamente nos permitirá disfrutar de forma más plena de las relaciones sexuales y evitar, así, tener relaciones insatisfactorias.

Aunque en algunos casos como los tratamientos contra el cáncer el deseo mejora cuando estos se finalizan, en el resto, es conveniente asistir a terapia de pareja o a terapia psicológica. De esta forma, se podrán resolver los problemas de pareja derivamos de una falta de comunicación, estrés o baja autoestima, entre otros, que están afectando a las relaciones sexuales.

¿Cómo saber si eres adicto a la pornografía?

Es posible que si tienes adición a la pornografía presentes uno o varios de los síntomas que se describen a continuación:

  1. Prefiero ver pornografía a tener sexo con mi pareja.
  2. A veces, prefiero ver pornografía a quedar con mi pareja o amigos.
  3. Tengo dificultades para pasar un día entero sin ver pornografía.
  4. He ido cambiando mi ocio o actividades recreativas por el consumo de pornografía.
  5. El contenido pornográfico que busco cada vez tiene que ser más intenso.
  6. Veo pornografía incluso en los lugares que puede ser un problema como el trabajo, en un ordenador público y otros similares.

¿Cómo afecta el porno a nuestra conducta y deseo sexuales?

1. Provoca adicción

Numerosas investigaciones demuestran que la adicción al porno funciona como cualquier otra adicción, produciendo tolerancia: cada vez se necesita más cantidad de sustancia para conseguir el mismo efecto. Esto explica por qué las personas que consumen porno empiezan viendo escenas suaves y acaban en contenidos más extremos y descabellados, buscando continuamente la novedad. Además, genera un alivio que es meramente temporal.

2. Distorsión de la realidad

Un joven que ve numerosas imágenes donde el hombre jamás fracasa en el sexo, es visto como un auténtico semental por la pareja sexual de la escena (sea hombre o mujer), haciéndole llegar al clímax con unas cuantas embestidas, va a pensar que es así como tiene que actuar cuando tenga un encuentro erótico. Expectativas más bien inalcanzables, que podrán dar lugar a la sensación de fracaso de los más jóvenes y a buscar soluciones “milagro”, como determinadas pastillas o trucos absurdos encontrados en internet.

3. Disminuye la satisfacción sexual

Al estar acostumbrados a ver representaciones idílicas de escenas que poco tienen que ver con la realidad, como decíamos al comienzo del artículo, por aprendizaje vicario, vamos a intentar reproducir dichas escenas. Puesto que éstas quedan lejos de la realidad, nuestras expectativas van a verse incumplidas y por tanto, también nuestra satisfacción sexual.


El deseo sexual hiperactivo se produce tanto en el sexo femenino como en el masculino. Este deseo sobrepasa los límites esperados de tal manera que interfiere en las actividades cotidianas de la vida de la persona. Por ello, quien lo padece se ve incapaz de postergarlo y debe satisfacer la necesidad prácticamente en el momento en que surge. Además, a pesar de las posibles consecuencias o repercusiones negativas que puedan conllevar a nivel personal, social e incluso laboral, la persona no se siente capaz de limitar su conducta.

Las causas de este desorden pueden ser de distinto índole, tales como un desajuste hormonal, efecto secundario de algún medicamento, o en otros casos puede ser síntoma de un estado de ansiedad grave u otro tipo de trastorno encubierto.

Actualmente los psicólogos y psiquiatras establecen como criterios el que ese deseo y esa necesidad compulsiva de saciarlo genere conflicto e incluso desarrolle complicaciones en la vida de la persona. Asimismo, un rasgo muy característico  en este problema es la búsqueda de su satisfacción y no la del otro.

Como en la gran mayoría de los trastornos sexuales se debe realizar una evaluación exhaustiva donde se excluyan las causas de carácter orgánico. Descartadas las mismas, el tratamiento psicológico irá orientado a estudiar las distintas áreas de la vida de la persona para poder establecer las causas que mantienen esa conducta hipersexual, así como las razones que hacen que se mantengan en el tiempo.

10 ESTRATEGIAS PARA TENER UNA BUENA AUTOESTIMA

Presentaremos aquí algunas estrategias que pueden contribuir a desarrollar y mantener una buena autoestima si son practicadas de manera regular, al mismo tiempo que una actitud más constructiva en relación a uno mismo.
1) Aprendamos a decir “NO”: ¡Empezamos con algo bien difícil! Ser capaz de decir no es una forma de protegernos. No siempre es fácil, porque uno teme la crítica y el chantaje emocional, dos repercusiones posibles al hecho de expresar lo que uno realmente quiere. Es necesario sobreponerse al miedo al rechazo, a la desaprobación y a la no aceptación.
El miedo a decir no es muy antiguo y tan condicionante que incluso nos hace pensar que ya no seremos amados, algo que nos debilita emocionalmente.
Sin embargo, recuerda alguna vez que seguramente te haya pasado en la que tuviste que reafirmar un deseo y… ¡Sentiste que tenías el poder! ¡Qué satisfacción! Uno se siente realmente libre.
De la misma manera, es inaceptable permitir que se nos critique por sentir tal o cual emoción en particular. Todas las emociones son legítimas y valederas. En todo caso, lo que se puede discutir es el comportamiento de las personas.
No tiene sentido mostrarse conformista con el único objetivo de vivir en paz. Por el contrario, renunciar a vivir nuestros miedos, nuestros enojos o nuestros valores es la mejor manera de estar en conflicto con uno mismo.
Los adultos que tienen una autoestima fuerte son capaces de expresarse libremente independientemente de las reacciones de los demás, son capaces de mostrarse en desacuerdo cuando la situación lo exige, de poner límites y aun así conservar intacta su autoestima.
En cuanto sientas que es necesario, tiene ese derecho de cambiar de idea y al mismo tiempo de expresar su disconformidad. Desarrollar estas actitudes requiere de coraje y a veces es necesario volver hacia atrás para tomar conciencia de que en ocasiones a veces uno dice que sí cuando en realidad tendría que haber dicho que no.
También se deben evaluar las consecuencias posibles del hecho de decir no y los beneficios que puedes obtener de un sí.
2) Exprésate claramente: Debemos aprender a decir lo que pensamos, lo que deseamos y lo que sentimos. Pero cuidado, reafirmarse no implica ser agresivo. Es un aprendizaje el poder expresar las ideas sin agresividad. Seamos prudentes a la hora de formular nuestros deseos y de comunicar nuestros sentimientos, pero hagámoslo de manera clara y concreta.
En esto debemos encontrar un equilibrio y sabemos que es un punto difícil de alcanzar. Pero de la misma manera que decir “no” es un aprendizaje, también lo es expresar con claridad qué viene detrás de esa negativa.
3) Define tus prioridades: Tomemos el tiempo de reflexionar y analizar de manera objetiva cuáles son nuestros propósitos en la vida. Esto te llevará invariablemente a dejar de lado tus dudas y separar tus prioridades de las cosas secundarias.
Centrarse en un objetivo prioritario y poner todas las energías en concretarlo, nos hace sentir bien con nosotros mismos y fortalece nuestra autoestima.
4) Identifícate con valores fuertes: Piensa en esos valores que definen a las grandes personas y establece cuántos de ellos también figuran entre tus ideales.
La libertad de pensamiento, el respeto por el otro, el amor por el prójimo, la compasión y todo aquello que hace a la nobleza de una persona.
Todos contamos con valores y somos capaces de ponerlos en práctica en algún momento. Incluso debes hacerlo a menudo y seguramente otros los vean, menos tú.
No te dejes influir por “accesorios” superficiales de tu personalidad y rescata eso que sabes que siempre va a formar parte de tu ser.
Vivir con valores sólidos contribuye a sentirse feliz.
5) Reconoce tus virtudes: Todas las personas tenemos defectos y virtudes que muchas veces podemos modificar a lo largo de nuestra vida.
Es importante focalizar lo bueno y no detenernos siempre en lo malo. Destaquemos nuestras cualidades y aunque te parezca un ejercicio insignificante, te proponemos que las escribas en un papel, las leas de tanto en tanto e intentes mejora alguna. ¡Este es un buen ejercicio!
¿Quieres llevarte una sorpresa? Pide a tus amigos que hagan una lista de tus virtudes y de todo eso que aman de ti. ¡No podrás creer todo lo bueno que descubrirás de tu propia personalidad!
6) Busca soluciones: ¿Cómo actúas frente a un problema? Cuando tenemos una baja autoestima tendemos a ver las cosas malas y por mucho que le demos vuelta a la cuestión, no encontramos un costado luminoso; todo lo vemos negro.
Sin embargo, siempre hay una alternativa positiva o una solución.
¡Esto merece práctica! Frente a una situación difícil puedes recurrir a parte de la estrategia del punto anterior y anotar los problemas y los puntos negativos y los puntos positivos y las posibles soluciones.
Verás que en poco tiempo tendrás una lista de alternativas que en otro momento no se te hubieran ocurrido y que en algún punto pueden parecerte difíciles de implementar, pero siempre hay una manera.
7) Apela a la comprensión: Se comprensivo contigo mismo que no quiere decir ser indulgente y permisivo. Si tratas de hacer lo mejor e intentas ser cada día mejor persona, mereces ser benévolo con ese que ves en el espejo y al que debes sonreír cada día para darle más y más confianza.
¡Anímate a darte ánimos!
8) Celebra tus pequeñas victorias: Para todo hay un minuto cero que es el punto de partida, el comienzo de algo. Tal vez el objetivo final se vea lejano, pero todos los que llegaron también empezaron en ese mismo punto; de modo que trabajar la autoestima también implica disfrutar de pequeñas victorias sobre la reafirmación de tu personalidad que te darán lugar a obtener otras mayores y mejores.
¿Organizaste una cena magnífica? ¿Terminaste tu trabajo en tiempo record? Disfruta del placer de estos pequeños logros porque son los que sentarán las bases de una sólida autoestima.
9) Elimina los pensamientos tóxicos: ¿Alguna vez viste esa imagen del diablito y el angelito que nos hablan al oído? Las personas con baja autoestima sólo escuchan al diablito diciendo cosas como: “No mereces nada…”, “No vas a lograrlo…”, “No eres lo bastante bueno…”
Estas críticas y desánimo minan tu confianza y te terminas convenciendo de que no puedes lograr nada o de que no eres bueno para nada.
No incluyas estos pensamientos tóxicos en tu día a día. En cambio, al momento de comenzar con algo nuevo vuelve a pensar en tu lista de cualidades y virtudes y piensa cuáles vas a utilizar para tu nuevo proyecto.
10) Transforma lo malo en bueno: Una vez que hayas identificado tus pensamientos tóxicos y te hayas librado de ellos, piensa objetivamente en cuáles son tus verdaderos defectos y concéntrate en corregirlos.

Autoevaluación de la tristeza

La tristeza es un estado emocional caracterizado por una experiencia desagradable (valencia negativa), alta activación fisiológica (percepción de alta actividad somática, como tensión muscular, dolor de cabeza, dificultades para concentrarse o dormir, etc.) y bajo estado de ánimo (alta disposición a experimentar los sentimientos de desconsuelo, abatimiento, o desánimo, baja energía e interés, poca tendencia a la actividad, apatía).

El cuestionario de estados emocionales POMS (Profile of Mood States) o Perfil de Estados Emocionales (o Estados de Ánimo) intenta medir alteraciones en diferentes estados emocionales o sentimientos en la última semana: tristeza-depresión (estado de ánimo bajo), vigor-afectividad (estado de ánimo alto), cólera-ira, tensión-ansiedad y fatiga. Véase una adaptación de este instrumento en el enlace siguiente:

Realizar test de autoevaluación

La falta de deseo sexual

La falta de deseo sexual es un bajo nivel de interés en las relaciones sexuales, en la que el afectado no responde al deseo de actividad sexual de la pareja.

Aunque ambos sexos pueden sufrir este problema, las mujeres lo padecen en mayor medida, llegando a producir sentimientos de culpa.

Los hombres se les ha educado en una sexualidad genital, muy enfocada en su pene. “Tener sexo es un mandato masculino muy fuerte, de modo que parece que la pérdida de erección es un gran problema, porque se espera una erección visible del hombre. Las mujeres, por el contrario y de forma general, no han sido educadas en el sexo”.

El deseo erótico en el ser humano es bastante complejo, por lo que la “falta de deseo sexual” se puede deber a causas muy diversas:

  • En ocasiones, el estilo de vida, el estrés, el cansancio, la sobrecarga de obligaciones laborales y/o personales, pueden afectar al deseo.
  • Las crisis personales o familiares, los duelos, los problemas personales (inseguridad laboral, enfermedades familiares o propias, situaciones de insatisfacción personal…), pueden también interferir en el deseo.
  • Si las relaciones anteriores no han sido placenteras, o se han vivido con insatisfacción, esto también puede influir en el deseo.
  • Hay también factores físicos (enfermedades, problemas orgánicos, efecto de ciertos fármacos…) que pueden influir en el deseo.
  • La relación de pareja también tiene mucho que ver con el deseo. Si uno de los miembros siente que ya no hay intimidad con la pareja, no se siente cuidado o cuidada, ya no siente atracción por su pareja, o hay distancia emocional… esto también puede disminuir el deseo.
  • Los problemas de pareja, las discusiones, los enfados… pueden igualmente afectar al deseo.
  • Etc.

Tipos de falta de deseo sexual

Cuando el problema de la falta de deseo sexual se presenta, se pueden distinguir varios tipos.

  • Primaria: afecta especialmente a mujeres que nunca en sus vidas han tenido un deseo sexual suficiente. Supone una nula capacidad para tener fantasías sexuales y escasas conductas con un fin sexual. Se da desde la adolescencia y empeora en el adulto.
  • Secundaria: aquellas personas que han disfrutado de un deseo normal pero que pierden el interés por la conducta sexual.
  • Generalizada: el afectado no puede experimentar deseo ni hacia su pareja ni hacia otras personas.
  • Situacional: no experimenta deseo sexual hacia su pareja, pero sí hacia otras personas.

Causas

Todos estos tipos pueden tener diferentes causas, o bien orgánicas o psicológicas. Entre las orgánicas el Instituto Sexológico Murciano menciona:

  • Tratamiento con algunos medicamentos.
  • Alteraciones hormonales y problemas neuroendocrinos.
  • Enfermedades metabólicas.
  • Enfermedades crónicas.

Entre los factores psicológicos que destacan están:

  • Problemas de pareja.
  • Disfunciones sexuales, como anorgasmia, vaginismo o disfunción eréctil.
  • Trastornos del estado de ánimo.
  • Ansiedad y estrés.
  • Cansancio.
  • Miedo a no satisfacer a la pareja.
  • Vida sexual poco satisfactoria.
  • Monotonía.

A veces no hay una sola causa, sino que son varias las que están produciendo la falta de deseo sexual. Al igual que sucede en otro tipo de dificultades, los problemas de deseo no tratados pueden empeorar con el tiempo, y llegar a afectar a la relación de pareja.

Cuando la ansiedad, una depresión o un problema del estado de ánimo son los factores principales por los que se ha perdido el interés por la sexualidad, una psicoterapia individual específica es lo más apropiado para empezar.

En muchas ocasiones, la causa de esta disminución de deseo puede estar en aspectos relacionados con la pareja, o la vida sexual en particular. En estos casos, buscar profesionales específicos (terapia sexual y-o terapia de pareja), puede ser una buena opción.

Autoevaluación de la ansiedad

Si cuantificamos la frecuencia o la intensidad de las respuestas o síntomas de ansiedad (preocupaciones, inseguridad, temor, palpitaciones, aceleración cardiaca, evitación de situaciones, etc.) podemos medir nuestro nivel de ansiedad.

Con el propósito de medir o evaluar la ansiedad, se elaboró el Inventario de Situaciones y Respuestas de Ansiedad (ISRA), que fue desarrollado por los profesores de la Universidad Complutense de Madrid Juan José Miguel Tobal y Antonio Cano Vindel. El ISRA fue publicado en el año 1986 y ha sido traducido a más de una docena de lenguas diferentes. Se trata de un test psicológico que permite medir el nivel de ansiedad de cualquier individuo, a partir de los 15-16 años (existen también otras versiones para niños y adolescentes).

Evalúa el nivel general de ansiedad (rasgo general de personalidad ansiosa) y los tres sistemas de respuesta por separado: lo que pensamos, o sistema cognitivo; lo que sentimos a nivel corporal, o sistema fisiológico; y lo que hacemos, o sistema conductual-motor. También evalúa cuatro rasgos específicos de ansiedad o áreas situacionales: ansiedad ante situaciones de evaluación, ansiedad en situaciones sociales o interpersonales, ansiedad en situaciones fóbicas, y ansiedad en situaciones de la vida cotidiana.

Presenta una serie de situaciones que pueden generar ansiedad, que son aquéllas en las que solemos reaccionar normalmente con ansiedad, así como otro conjunto de respuestas, que constituyen los principales síntomas de ansiedad. Este test posee una gran capacidad de discriminación entre grupos, pues permite diferenciar por sus puntuaciones entre sujetos con trastornos y sujetos sin trastornos. Así lo demuestran los estudios científicos realizados comparando entre distintas muestras de individuos de población general, con sujetos que presentaban trastornos psicofisiológicos (trastornos cardiovasculares, como hipertensión, arritmias, etc.; sujetos con trastornos dermatológicos; dolores relacionados con tensión; etc.) o con sujetos que padecían trastornos de ansiedad (crisis de ansiedad, agorafobia, fobia social, ansiedad generalizada, trastorno obsesivo compulsivo, etc.).

Como todos los tests psicológicos, el ISRA debe ser aplicado por un profesional de la psicología que sea especialista en el tema. No obstante, es posible realizar una evaluación aproximativa del nivel de ansiedad que tenemos a partir de algunos de los síntomas que incluye este test, que sirva al lector a modo de autoevaluación. En la Web de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAS) está publicado una versión de doce síntomas, que vamos a reproducir aquí.

Muestra de síntomas o respuestas de ansiedad

  • Respuestas Cognitivas (lo que pensamos o sentimos) – Preocupación – Pensamientos o sentimientos negativos sobre uno mismo – Inseguridad – Temor a que nos noten la ansiedad y a lo que pensarán si esto sucede
  • Respuestas Fisiológicas (lo que sucede en nuestro cuerpo) – Molestias en el estómago – Sudor – Temblor – Tensión – Palpitaciones, aceleración cardiaca
  • Respuestas Motoras (lo que manifestamos en nuestro comportamiento) – Movimientos repetitivos (pies, manos, rascarse, etc.) – Fumar, comer o beber en exceso – Evitación de situaciones

Realizar test de autoevaluación

Dismorfia corporal

¿Qué es la dismorfia corporal?

La dismorfia corporal (también conocida como dismorfofobia o trastorno dismórfico corporal) se expresa, en términos generales, como el rechazo explícito a un atributo concreto (o a varios) del cuerpo.

Supone una distorsión en el proceso de autopercepción, que magnifica un pequeño defecto (inapreciable a los ojos de los demás) o que directamente lo identifica donde no está. En lo sucesivo exploraremos cada uno de sus síntomas fundamentales.

Es un trastorno relacionado con la percepción que una persona tiene de su propia imagen física. En algunos casos, estas personas se sienten acomplejadas por algún defecto físico que, aún siendo real, ellas magnifican de forma desmesurada.

Las grandes protagonistas de redes sociales como Facebook, Instagram, Twitter o Snapchat, son las fotos, y más ahora en verano. “Selfies” e imágenes de famosos y famosas nos reiteran una y otra vez un supuesto modelo de “cuerpo perfecto”. Es normal que todas y todos al mirarnos al espejo y recordar estos modelos de belleza, nos hagamos preguntas como: ¿Tengo el pecho demasiado pequeño? ¿Mi nariz es demasiado grande? ¿Están tan marcados mis pectorales? ¿Tengo el vientre suficientemente plano?… Hacerse preguntas de este estilo puede ser normal, pero para algunas personas estas preguntas son la expresión de una preocupación excesiva, y las respuestas siempre apuntan en la misma dirección: ven en el espejo defectos, deformidades y carencias. Estas personas pueden padecer un Trastorno Dismórfico Corporal, también denominado con términos como Dismorfia CorporalDismorfofobiaSíndrome de la Distorsión de la Imagen o más comúnmente Síndrome del Espejo.

Cuando al mirarme mi cerebro transforma lo que veo